03:58h. Domingo, 19 de Noviembre de 2017

CRÓNICA DE UN VIAJE AL PASADO, PARA EVOLUCIONAR.

Rondaba la navidad de 2001 cuando llegó a mis manos el “Freak of Nature” de una artista que al escucharla, pensaba que era una bruja sacada de un cuento Disney. Como me pasó con Nina Simone. Era única, la reina del Sprock, algo DIFERENTE y por eso me gustó, porque poco tenía que ver con lo poco que había escuchado hasta ahora (qué me vais a pedir con 11 años, aunque ya estaba en la liga de los Earth Wind & Fire).

Durante mi adolescencia, este disco sonó en el discman (para los que no sepan lo que es, googlead), al que se sumó su predecesor “Not that kind”, el posterior de título homónimo “Anastacia” y el “Pieces of a Dream”.

Era una adicción que no entendía: quizá era su estilo DISTINTO, su música mezcla de varios estilos, sus letras de buenrollismo y su honestidad, el hecho de no tener miedo a mostrar sus cicatrices (recordemos su cáncer de mama). O a lo mejor, la mezcla de todo. Aun no entiendo por qué EE.UU no la recibió con los brazos abiertos, menos mal que Europa sí. Todos queríamos ser Anastacia cantando “Bad Girls” con Jamiroquai, queríamos llevar sus gafas.

Pero al llegar “Heavy Rotation”, desapareció. Quizá la presión de la demanda social por un sonido comercial, o de un Seat Ibiza saliendo de Pacha. Pero aquí tengo que hacer una parada en boxes, porque es el objetivo de mi modesta opinión. Estoy más que harta de “la demanda social musical”, “lo que se escucha ahora”. Acaso, discográficas ¿nos escuchan ustedes a nosotros?

Mucha gente se pregunta cuál es el secreto de Bruno Mars, Beyoncé, Adele o el de Justin Timberlake, por ejemplo. Como el porqué de la grandísima acogida del australiano Guy Sebastian en Eurovisión 2015 con un funky/soul  “Tonight Again” (vaya bombazo, por cierto). Venga, os voy a dejar el link para que os levantéis de la silla y os pongáis a bailar:  http://www.rtve.es/alacarta/videos/eurovision-2015/eurovision-2015-australia-guy-sebastian-tonight-again/3139073/

En este saco quisiera meter “el fenómeno Conchita Wurst” y la esperanza que tengo de que ganó eurovisión 2014 por llevar un puro TEMAZO (“Rise like a phoenix”) digno de una peli de James Bond en vez de algo discotequero, y no por el revuelo de su imagen (ya hablaremos de esto). Aún resuenan los aplausos de aquel día.

La respuesta a esta pregunta, os la he ido dejando con pistas a lo largo del artículo:

Muy simple, porque en el panorama musical donde todo suena igual, con bases prefabricadas y voces en falsete, ellos buscan marcar la DIFERENCIA, VUELVEN AL PASADO. Cuando todo brillaba con una sección de viento sublime.

Permítanme que se lo diga, lectores, porque me toca muy de lleno. Estoy muy quemada de que, en los 7 años de mi trayectoria musical como No Cantes Victoria, me digan que por qué no hago nada comercial. Que me deje de funky, que olvide el soul y que haga algo un poco más “de vender” o “de poner en la discoteca”.

Efectivamente, no quiero ser un producto igual que los que salen cuando das una patada a la escena (inter)nacional. ME NIEGO. Y es que me imagino la conversación entre músico y productor:

“Mamá, yo quiero cambiar el mundo.”

“Y yo un viaje de ida y vuelta a la Luna”.

Y sé que hay que adaptarse un poco a lo que hay, que sí (sobre todo si tienes la manía de comer a diario). Pero no hay que hacerlo todo igual de insulso, a lo copypaste. Por eso, nuestra reina vuelve al pasado y (paradójicamente) nos trae “Evolution”. No se trata de que te guste o no un estilo (bienvenido eres si te gusta lo que suena a día de hoy). Se trata de que se dé un pequeño paso para volver a las raíces de todo sin alejarse del presente. Anastacia, sé que no me vas a leer (ojalá) pero quiero darte la enhorabuena porque lo has conseguido, pero queremos más (y si te hacen falta unos coros, manda un whatsapp)