03:59h. Domingo, 19 de Noviembre de 2017

Como predicaba en mi anterior artículo, siempre generaré contenido que haya vivido en mi piel. Además de dedicarme a la enseñanza y traducción de idiomas, soy wonderprofe en una escuela de música en Salamanca, “Musicay”. Por ello y por mi experiencia, hoy quiero grabar en piedra las razones por las que ustedes no deberían apuntar a sus hijos a música:

En primer lugar, por supuesto que la música no ayuda a la concentración ni al rendimiento en el proceso de aprendizaje. Total, si la música es una mera distracción, un hobby. En el caso de los más pequeños, tampoco se ha comprobado que les ayude en su expresión ni en la compresión del significado de las palabras, tampoco enriquece su banco léxico. Para eso está la tele. Por supuesto que no es, ni por asomo, es un apoyo para aprender de otros idiomas ni tampoco en el razonamiento matemático ¿cómo se van a ver beneficiadas otras disciplinas? Además, para eso ya va todos los días a refuerzo, tienen profe particular hasta para el recreo, porque no saben jugar.

 Ya si nos metemos en el terreno emocional, el que los chavales estudien música no provoca en ellos ningún sentimiento de seguridad, claro, porque no les animamos a tocar/hablar/cantar en público (cómo se nos podría ocurrir semejante tortura). Tampoco se socializan con otros compañeros, ni montan bandas que sueñan con ser los próximos The Beatles. Ni imaginación, ni leches. Para qué hablar de autoestima. Bueno y ya el tema de la creatividad y la imaginación ni lo tocamos. Pamplinas.

Bueno, ustedes ya habrán notado mi ácida ironía en lo que llevo de artículo. Y es que estamos muy equivocados.

Entiendo que el deseo de muchos padres sea que su hijo llegue a ser un Steve Jobs, el futuro Obama o el nuevo Bill Clinton: “Céntrate en tus estudios y suelta la guitarra, que tendrás que ser alguien de provecho en la vida”. Papás, precisamente ahora que acabamos de dar el pistoletazo de salida al nuevo curso, veo muy necesario recordaros que no deben apuntar a su hijos a todo lo que crean que les valdrá en un futuro, porque no hay nada escrito. He visto a niños estudiando chino antes de hablar bien español (mira que el chino es un idioma complejo a la par que maravilloso, pero seamos un poco “razonables”). Dejen que sus hijos elijan: música, pintura, escritura, baloncesto, robótica (que es lo que se lleva ahora), chino mandarín o física cuántica (oye, que lo mismo un prepúber va y me explica por fin qué es el bosón de Higgs).

Y como eso, todo lo demás y todo lo contrario:

No le quiten a su hijo la guitarra, ni lo obliguen a sentarse ante un piano si no disfruta del sonido de una tecla ¡Si lo que él quiere es petarlo con la batería! (Seguro que sus vecinos hubieran preferido que tocara el triángulo, pero recuerden: se trata de lo que quieren sus hijos). Háganme caso. Steve Jobs escribía poesía y tocaba la guitarra, Obama cantaba “Amazing Grace” y Bill Clinton era saxofonista.

Y ahí están.