03:59h. Domingo, 19 de Noviembre de 2017

La industria discográfica…¿se recupera?. No me atrevería yo a confirmarlo ni a negarlo por que, después de toda una vida, no me creo casi nada de lo que tenga que ver con ella. Pero si esto es así, ¿qué pasa con las tiendas de discos?.

Este verano cuando estábamos enterrando Hydria, seguro que saben de que les hablo, pensé mucho en que las opciones se acaban, y no me refiero exclusivamente a la ciudad en la que vivo. Ese día no solo se cerraba una librería ( bastante desgracia de por si) sino que, atención a esto amigos, el camello discográfico de muchos chiflados enfermizos de discos y artefactos varios de música cine o lo que fuere, como yo por ejemplo, se escurría en el hueco del vacío. ¡Horreur!. Ya se pueden imaginar el desasosiego que emanaba de la aciaga tarde.

Así que permítanme que hoy ponga encima de la mesa un tema realmente doloroso para el que suscribe. De la emblemática, y en otros tiempos poderosa, Tower  Records (les recomiendo encarecidamente que le echen un ojo al documental de Colin Hanks “All Things Must Pass” sobre ello) a docenas de tiendas pequeñas (esas son para mi las verdaderas,  en las otras ni se me ocurre entrar ni que decir tiene) en todas partes, van cerrando nuestros proveedores de material disquero. Ya sea por no haberse sabido adaptar a los nuevos tiempos, con su permiso no entro en el debate que cada cual haga lo que crea correcto, o por que los artefactos en cuestión son caros la cosa agoniza. Y tengan en cuenta que también está el problema del espacio. Almacenar todo el tema cuando atesoras una colección ya respetable es, créanme que se de lo que hablo, difícil cuanto menos. Y no parece haber solución a la sangría.

Tal vez el personal hoy no tenga el concepto, ni el tiempo para ello que diablos, romántico de abrirlo, leerlo, olerlo (¿…) ponerlo a funcionar etc. pero en mi opinión creo que el mayor problema sigue siendo el precio. Voy a docenas de bolos en los que compro discos a  precios irrisorios directamente a los artistas, así que señores ejecutivos el atolladero quizás no  solo sea que los tiempos están cambiando. A lo mejor, digo yo llámenme loco, es que es un atraco según que precios. Y si hablamos del formato, con el  segundo advenimiento del vinilo en los últimos años, ni les cuento. Cuando pasen por caja con alguno de esos o con golosinas como boxes, recopilatorios, reediciones etc prepárense a hipotecarse sin remedio.

¿Y que hacer?. Pues no sabría decirles.

Uno mira iniciativas como el Record Day Store con cierta desconfianza, pero si las cabezas pensantes (glups, tierra trágame) creen que es bueno, adelante. Yo añadiría una bajada de precios general, concis y presentaciones en las tiendas, firmas de artistas y una campaña para llevar, y hacerlos más atractivos a ojos de los nuevos compradores, los formatos físicos a todas partes. Y reunirse todas las partes, disqueras, tiendas compradores etc,  a lo mejor también ayudaría. Ni idea.

Una especie de epilogo personal a todo esto.

Hace unos años cuando mi tienda habitual de discos echó el cierre llevé a parte de la plantilla a uno de mis programas de late show.  Cuando hablé de que llegaba el final había una niña (hija de alguien que estaba allí, imagino) mirando el show. Pensé que por su corta edad ya nunca entraría en una tienda de discos.

Coño, quien iba a imaginar que no me equivocaba.