03:56h. Domingo, 19 de Noviembre de 2017

Escucho  “A Black Mile To The Surface” el nuevo disco de Manchester Orchestra en la oscuridad de la habitación. Aún duele mucho, y es demasiado pronto para poner las canciones del hombre.

La noticia me pilló con el paso cambiado lo reconozco.

Y no es por que me sorprenda la mortalidad de las personas, ni mucho menos, sino por que idealizar el hecho de que ciertos iconos de mi vida estarán siempre, es una de mis especialidades. Por eso ahora rumiando en frio mi reacción, mala, triste y probablemente desproporcionada, cuando el suceso me golpeó, no la encuentro ni mucho menos excesiva. El tipo era un coloso para mi y, que yo recuerde, siempre había formado parte de mi pequeño y reducido universo vital. Y lo más terrible es que en los últimos tiempos podría hacerlo, reaccionar así me refiero, en bastantes más ocasiones de las que desearía. No hará falta que pase lista aquí del terrorífico obituario que nos ha asolado como una plaga en el RockNRoll en los últimos meses.

Viene todo esto a cuento, como habrán podido imaginar, por que la desgarradora realidad  es que Tom Petty ya no está.

Espinoso y enrevesado tema es el del pase a ¿mejor? vida de gente a la que admiras bien por que devengue en traumas reales y profundos de cuantía distinta para cada persona pero duros y difíciles, bien por que te dé igual como a, me temo, la mayoría de los mortales a los que se la trae al fresco. En mi caso siempre es complicado y desconcertante. Tras el shock inicial de la noticia, me pongo a rememorar mis vivencias con el de Gainesville, pero no ha lugar por que son demasiadas. Simplemente prefiero continuar engañándome y pensando que no ha ocurrido.

Ah amigos, la negación. Ese bálsamo aliado y dulce que sirve para intentar mitigar (ni por el forro, dicho sea de paso) los restos del naufragio en el que se convierte la cosa tras la baja. ¿Qué hacemos luego?. Buena pregunta. Si eliminas de la ecuación a los seres queridos, cuando ocurre algo como esto la perdida es brutal. Pero ojo si miran la filiación de algunas de nuestras estrellas favoritas esto va a ser un no parar en los próximos tiempos por que, faltaría más, la parca no hace distinciones. Pero aún así es casi una afrenta perder a alguien como el.

No seré yo quien les proponga aquí un lacrimógeno epitafio. No creo que sea necesario. Será suficiente con, cuando sientan que están preparados, pinchar de nuevo sus canciones. Pero si les diré que uno que es solitario por naturaleza y que ya mira por el retrovisor los años buenos, he pasado docenas de horas en aviones, museos, paseos y ciudades de medio mundo acompañado solo por el jefazo Heartbreaker y su voz. Y sin querer sus canciones y su forma de ver casi todo se han convertido en muy mías y siento un profundo orgullo.

Baste con eso.