Hay poco o nada que decir que no se haya escrito ya de la importancia capital de Barricada en la historia de la música patria. La influencia que sus canciones han ejercido sigue vigente ahora —incluso más si cabe— tanto como cuando decidieron finiquitar su carrera en 2013. Su historia significó el puente perfecto entre el punk de los 80 y el rock transgresivo de los 90, retratando como pocos la realidad de la clase obrera, y su sonido rudo y áspero conectó desde el principio con el público. Representaron la honestidad, el trabajo constante de carretera y un cancionero imborrable que forma merecida parte del acervo popular del país.
Cuando llegó el final, abrupto al menos desde fuera, toda esa música quedó en el aire, suspendida, hasta que Enrique Villarreal, “El Drogas”, bajista y cantante, la puso de nuevo en danza con la gira (y el disco posterior) en la que interpretaba parte del legendario legado de la banda. Desde que se anunció hace unos meses que otro de los puntales del grupo, Alfredo Piedrafita —compositor, guitarrista y cantante ocasional—, iba a revisar otra parte de aquel inconmensurable cancionero, la expectación subió por las nubes.
El resultado fue un álbum, El mejor de tus días, en el que el músico navarro actualiza un puñado de temas con la ayuda inestimable de su hijo, Iker Piedrafita, a la sazón uno de los productores más importantes y, por alguna extraña razón, menos reconocidos de la escena. La selección del repertorio ha sido, además, otro gran acierto. Lejos de ceñirse a los himnos más evidentes —de “No hay tregua” a “En blanco y negro”, por citar algunos—, que si lleva al directo, ha querido rescatar de un, tal vez, injusto olvido un puñado de canciones menos conocidas que ha reinterpretado con arreglos nuevos y con su propia voz presidiéndolas.
La banda que ha armado para presentarlo es poderosa y solvente. Javi Calvo e Iñaki Bautista en la base junto con Iker y el en las guitarras y voces, son, se vio desde que salieron, una garantía para llevar todo eso al directo, y la gira extensa que acometen, hacía parada en esa leyenda de los festivales de la provincia que es el Granito Rock. La edición de este año volvia a abarrotar el recinto, y continuaba la senda de un evento que, simplemente, es un clásico en el verano de la provincia, y que a poca visión que tengan los responsables de llevar el timón, harían bien en cuidar y fomentar.
Desde que salieron en tromba con esa declaración de principios que es “Esta es una noche de rock and roll”, brillaron por encima de todo los arreglos tan especiales que han hecho para los temas. Poder oír “Písale”, “Deja que esto no acabe nunca” o la fantástica “Mañana será igual” con la nueva forma que les han dado y la voz de Piedrafita resulta inolvidable. El grupo es sencillamente demoledor y, aunque pueda chocar la velocidad o la contundencia que imprimen a algunos temas —“Barrio conflictivo” y “Oveja negra” fueron sencillamente apabullantes— al compararlos con los originales, el resultado es espectacular.
El lujo que supone recuperar para el directo maravillas como “Pídemelo otra vez”, “Rojo” o “Todos mirando” no es solo un ejercicio de nostalgia. Con la nueva vuelta que les han imprimido parecen querer ganar una nueva vida sin renegar en ningún momento de su historia —faltaría más—, y de eso, en mi opinión, es de lo que trata este proyecto. El lógico paso por Dikers con “Dale gas”, la inmensa “Animal caliente” y un pequeño medley con nombres intocables del punk —de Eskorbuto a La Polla— nos preparó para el último acto de la noche.
La estampa fue inolvidable, con el público cantando a pleno pulmón. Desde la épica parte central de “No hay tregua” hasta la esperada llegada de “En blanco y negro”, pasando por la descarnada crudeza que imprimen a “Esta noche”, todo funcionó a la perfección, transmitiendo desde arriba la sensación de estar muy a gusto con los temas y contagiándola abajo. El cerrojo lo echan, obligatoriamente no podía ser de otra manera, con “La hora del carnaval”, que eleva las caras de felicidad a la enésima potencia.
Quien no quiere a Barricada no quiere a su madre. Ojalá la sentencia fuera del que suscribe, pero no.
Grande.






Comentarios