Había muchos alicientes para no perderse, a juicio de quien suscribe, el cartel de la segunda edición del festival moralo. Desde ver a Enramá merendándose el papelón de abrir la jornada, pasando por el indudable buen hacer de River Hakes en un pase tremebundo, hasta la llegada de nombres ilustres como Porretas y la fiesta que supuso la celebración de su 35º aniversario; la constatación de que esta etapa de Koma es absolutamente imbatible, o el buen hacer de Los Niños de los Ojos Rojos poniendo el broche final.
Pero si había un must que prevalecía por encima de todos para quien firma estas líneas, era la posibilidad de asistir a uno de los primeros conciertos de Avancarga.
Ahorrémonos, si les parece, el manido término “supergrupo”, porque ni ellos mismos parecen sentirse cómodos con esa etiqueta. El nuevo proyecto que reúne el talento de Vikingo M.D. y Jesús Arispont con Blai Drummer y David Sagi, lejos de vivir de glorias pasadas, tiene una sana vida propia y, despues de verlo, ojalá sea larga.
Ya lo venían avisando los distintos adelantos que habían ido apareciendo del disco: un álbum producido por Oscar Streamline en los O.S. Récords de Alicante, con unas canciones trabajadas sin ningún tipo de presión y que, en directo, ganan enteros en brillantez e impacto.
Desde que salieron al escenario se enrocaron en un setlist abrasivo y sin concesiones que defendieron a cara de perro, con uñas y dientes. Era emocionante comprobar cómo una de las voces que ha marcado a toda una generación se mantiene en tan buena forma, mientras a su alrededor la banda funcionaba como una auténtica apisonadora. Y ojo, porque esto no es baladí. El mark que luce el grupo se antoja mi entender capital. Se percibe sobre las tablas y contagia la ilusión abajo. Poder catar de seguido “RATA”, “Pantalla” y “Rebelión”, sin que el ritmo decaiga ni un segundo, fueron apabullantes, habla muy bien del material que manejan.
Ayudan, por supuesto, unas individualidades tremendas: la base rítmica de demolición que conforman Arispont y Drummer, golpeando abajo sin tregua; las guitarras humeantes de Sagi; y un Vikingo M.D. por cuya garganta parece no haber pasado el tiempo. Además, fueron al turrón desde el principio, afortunadamente, sin parones ni concesiones innecesarias. Y eso se agradece cuando tienes un póker en la mano como “Resiliencia” o una inmensa, probablemente el mejor tema de la noche, “Psicotropía”, que en su parte central me hizo pensar, no sé muy bien por qué, hasta en Alice In Chains.
Y los detalles que se agolparon.
El trabajo en el kit que lleva “024”, los cambios constantes de “Estrella”, la cirugia a corazón abierto que nos practican , con ritmos trotones aquí y allá y esa oscuridad que envuelve piezas como “Réquiem” y “Parca”, cuyo estribillo —“Quiero vivir sin miedo”— resume bien su direccion. O el espiritu mas etereo y rockero que parece mandar en “Lobos”, redondea un repertorio con “Tiburon” que, más allá de algún guiño al pasado —básico e inolvidable—, y firma una noche brutal.
Grandes quer duda puede caber, pero no es nada que no esperaramos de un proyecto tan ilusionante.






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