Un servidor es rata de salas de conciertos, así que se lo puedo decir sin acritud ni sospecha. Hay pocos sitios -la Plaza Mayor juega en otra liga y es inalcanzable- en la ciudad, tan bonitos para ver bolos como el que nos ocupa. El junte de ese edificio impresionante con la languidez de las noches de verano, y la luz casi irreal que emana cuando la música arranca, es cuando menos catártico. La programación que han preparado esta edición probablemente sea una de las mejores de sus catorce años de historia, y la llegada de la protagonista de la noche era una buena muestra de ello con además un cantado soldout.
Hace unos años Esther Méndez concedía una entrevista a Ruta 66 que se me vino a la cabeza cuando arrancó todo. En ella le mencionaba a Manuel Borrero una palabra, me refiero a eclecticismo, que presidió toda la comparecencia desde que arrancó. Eligió dos temas de “Túnel” su disco de 2020 que al trasladarlos al directo, fueron pura ambrosia. Ese álbum fue complicado, lo contó ella, pues se grabó en un periodo personal difícil, pero ver como ponía en el escenario la impresionante “Testamento” convertida en una tonada cinematográfica áspera e irresistible llena de recovecos y todos buenos, hubo muchos momentos así toda la noche, digna de aparecer en cualquier film de Robert Rodríguez y ejecutada en voz e instrumentación sencillamente perfecta, fue un must para entender todo lo que vino después: Rock Americano, y si me apuran Roots de pura cepa, aderezado de Pop y un regusto de Indie y Ranchera fronteriza sin perder la esencia del Folk mas puro.
Llegó con la voz en perfecto estado y sin macula, lo vimos desde ese arranque con “Todos los pájaros Negros” también, y se trajo a una parte de su banda que ya la quisieran para si cualquiera de los nombres que piensen. El omnipresente teclado de Gabri Casanova que se tornó básico, y la batería inmensa de Javier Gómez el ex Superskunk que además apuntó unos coros soft acertadísimos a lo largo de todo el pase, maridaron con ella en la armónica alternando la acústica y la eléctrica. Navegó por un setlist atinado y medido, la BSO de “La Mesita…” se quedó fuera pero eso ya lo esperaba, con pleno de momentos brillantes, la traslación de “Trabalenguas” y la impresionante “Hazme llorar un rio” (que se lo digan a quien lleve las riendas en Netflix) casaron con la luminosidad que representa “Fe”, y nos enseñó píldoras del nuevo disco que aparecerá en unos meses en la forma de “Año Nuevo” e “Invencible”.
No se puede cuantificar lo que perdimos cuando murió el Duque Blanco. Es lo que tienen los dioses, y esta semana se me vino a cuenta de que Trent Reznor estaba en suelo patrio. Casualidades o no, Bambikina ha preparado una respetuosa y acertada adaptación al castellano de “Space Oddity” que nos enseñó cuando abría el ultimo acto del bolo, y que precedió a la divertida “Pirómana” y la casi épica que rozó al hacer la estupenda “Llamas encendidas”. Dejó tiempo para ella sola en el escenario con “Cosas pequeñas”, ahorrémonos lo obvio -que es citar a Dylan- por que hay mucho mas en sus canciones y basta con mirar una lista que tiene en Spooty con las mujeres que le han influido, y echó el cierre con esa narco-ranchera que es “Escorpiones de Tequila” con el publico, al fin, en pie.
Grande.
Un apunte mas.
En la guerra que el que suscribe tiene con cualquiera que haya decidido cimentar su carrera en la música expoliando, asaltando a punta de navaja en realidad, cancioneros ajenos para hacer caja, fue muy ilusionante contar con un inesperado aliado. Ocurrió durante la presentación del bolo a cargo del director del museo cuando habló de que quieren apoyar a artistas que hagan sus propias canciones y composiciones. Ojalá fuera la norma obligatoria para cualquier programación. Y las justificaciones que se puedan buscar en formas diversas para lo contrario (por tocar, por cachés o por lo que fuera) se quedarían solo en lo que son: pura demagogia barata.
Un diez para ellos por apostar por artistas tan brillantes y con tantas cosas que decir.






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