Era, a juicio de quien suscribe, un auténtico lujo, amigos. Tener una gira de este calibre en una ciudad alejada del circuito habitual de citas internacionales ya es motivo de celebración, y además no defraudó. Con el hándicap de la baja médica obligatoria del vocalista de Grailknights —banda inicialmente anunciada para completar el cartel—, la organización reaccionó con rapidez y acierto al incorporar a Induction como sustitutos, en una noche que mereció mucha mejor suerte en la taquilla a pesar de ser entre semana.
Tal vez Gabriele Gozzi, con su correcta labor al micro, acapare miradas cuando Induction irrumpe en el escenario, pero es su guitarrista y creador Tim Hansen quien lleva las riendas de una banda más que solvente de power metal con tintes sinfónicos y progresivos que creo hace unos años. El hijo del legendario Kai Hansen comparte guitarras con Justus Sahlman, y el resultado fue brillante en muchos pasajes de la noche —especialmente con “Born From Fire”, de las más antiguas, y el estreno de los dos temas nuevos “Love Kills” y “Dark Temptation”. No pararon de animar al público, y fue en la recta final, con “Go To Hell” y una estupenda “Queen Of Light” (imposible no destacar aquí el trabajo contundente de Markus Felber a la batería durante todo el bolo), cuando lograron conectar por completo con la gente.

Y entonces llegó All For Metal, la banda de Tim “Tetzel” Schmidt y Antonio Calanna. No pude evitar recordar a Oderus Urungus —aunque, por supuesto, no tenga nada que ver—: esa visión del metal cargada de teatralidad, con outfits de escena, armas (espadas, martillos, lanzas), la casi performance del bajista Florian Toma en su solo, pura histeria y energía, y las máscaras que completan el espectáculo. Todo ello al servicio de un puñado de himnos diseñados para ir a la batalla… o, en su defecto, al gimnasio (“Run” se llevó la palma aqui).
Sonaron demoledores desde que abrieron con “Gods Of Metal”, y no bajaron la intensidad ni un segundo. La dupla de guitarristas —personalmente, me encantó Fabiola Bellomo, aunque Ursula Zanichelli le fue a la zaga— acompañó con naturalidad las dos voces (guturales y limpias), mientras el grupo desgranaba un setlist de puro metal: “Hear the Drum”, “Mountain Of Power”, “Raise Your Hammer”… con paradas salteadas a modo de entradas de los temas, siendo la de “Year Of The Dragon” la más larga y sentida, y haciendo que el público coreara los epicos estribillos casi sin darse cuenta. “Valkyries In The Sky” la cantó hasta el apuntador —seguro que Laura Guldemond la sintió allá donde estuviera—, y el cierre con “All For Metal” y la tremenda “Goddess Of War” echó el cierre a un pase brutal.
Ojalá que la estampa más importante del concierto, al menos para un servidor —la de dos niños disfrutando con lo que ocurría en el escenario—, se convierta en algo habitual también en las salas, más allá de los grandes festivales. No hace falta aclarar por qué es tan necesario.







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