No les haré bostezar contándoles como, por enésima vez, me he vuelta a abrir la cabeza. Para mi bochorno y escarnio no ha sido saltando de un escenario para hacer crowd surfing o en un Wall of death brutal.

Por mi condición de militante ya en la tercera (o cuarta) edad, hace años que mi maltrecho cuerpo dijo basta a tan gratificantes practicas. Un estúpido accidente domestico (en la otra vida que todos arrastramos y que, glupsss tierra trágame, paga las cada vez más abultadas facturas) me ha tenido un par de días en el dique seco. Esa es la ridícula explicación.

Y no se si será a causa de que los poderes de curación de mi cada vez menos Lobezno (ya lo experimentarán cuando vayan cumpliendo años) organismo se debilitan poco a poco, o a los, para que nos vamos a engañar, fármacos, pero he empezado a mirar las heridas de otra forma.

Es el paso del tiempo amigos.

Y  la pregunta de si es licito seguir en la brecha, cuando ya no estás para meterte en la olla y aguantar el pogo, sale sola oigan, casi si querer.

Atinada cuestión, a tenor de lo que un servidor se ha pulido en mercromina y tiritas durante más de treinta años en el pit. Veamos el parte de guerra: torceduras y pequeños esguinces, cortes (el ultimo muy chungo con una valla en TresAcordesFest) y algunos mecos que me dieron en los 80´s por no se que historias que ni recuerdo.  Ah y no olvidar que estamos todos (todos los del fregado me refiero) sordos como tapias. Uff.

Pobre balance para tanto rato maravilloso pero, me temo, la cuestión sigue ahí.

Llegados a cierto momento vital, evitar las primeras filas del asunto es casi obligado.

Y no me refiero solo a una cuestión de forma física, que también, sino  a no estorbar. Es así de sencillo. Los tiempos gloriosos de líos monumentales en bolos de Pantera o  Fun Loving Criminals, en festivales por medio mundo y en salas tan sudorosas como llenas de humo y maravillosas, se miran ya por el retrovisor. Ahora, no queda más remedio, que sacar el animal en las pocas ocasiones en que los huesos no chirrían y el sitio (atención a esto) no resbala mucho, por que queridos la embarazosa cuestión del retiro forzoso por jubilación, del centro del meollo me refiero, se antoja cercano llegado a ciertas edades.

Ah la senectud con dignidad. Lamer las (vuelta otra vez al lio) las heridas en casa y hacer los experimentos con gaseosa.

Queda eso. Pero no digo que nos tenga que gustar.

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