Fue uno de los momentos del festival para el que suscribe, y pasó tan desapercibido que casi nadie se dio cuenta. Acababan de salir los de Madrid para abrir las celebraciones y Nerea Santotomas lo soltó. Y en esa pregunta -¿estáis consumiendo en las barras?”- a priori inocente, pero plena de una importancia capital en mi modesta opinión, se resume parte de la idiosincrasia de un evento como ese. Es difícil escribir sobre una leyenda de los festivales de la provincia como el Granito Rock sin caer en la devoción que suscita tener algo tan increíble a tiro de piedra de casa. Que en sus ya mas de treinta ediciones haya sido capaz de aglutinar tantos nombres ilustres sin renunciar nunca al lugar al que está unido, el pueblo de Los Santos, y sin ceder ni un ápice a las practicas repugnantes, no hará falta extenderse en esto a la vista de lo que ha pasado en los últimos tiempos, que algo así puede acarrear, es para celebrarlo en las calles.
Pero para que eso funcione y pueda seguir, ya he hablado en esta casa de la importancia mayúscula del apoyo a estos festivales, todos –publico, instituciones, prensa etc.- tenemos que arrimar el hombro. De ahí que comprar entradas, pasar por las barras, hacerte con una cami o lo que sea en la medida de las posibilidades de cada pax, es básico para que duren. Cuando me enchufo esta edición a la plaza de toros, me congratulo de la entrada estupenda que ojalá haga que la continuidad no sea un tema a tratar en los años venideros. Y mas allá del resultado artístico, en el que como en todos en cualquier parte del mundo hubo luces y sombras, era una gozada ver el orgullo de pertenencia que genera el festival, y que el joven equipo que lo comanda ahora ha sabido perpetuar. La inclusión de Brava en el cartel, lleno hasta arriba de grandes nombres, era un must para el que firma por que por unas cosas u otras no había podido ver aun a la banda.
Más allá de otros temas si hay algo que fascina al que suscribe del llamado cine quinqui –ese momento de la historia del cine patrio que reflejó una parte muy dura de la juventud del país durante la transición- son las leyendas alrededor de tipos como Eloy de la Iglesia, José Luis Fernández Eguia (el famosos Pirri) o, el premio gordo de todos, José Luis Manzano. No sabría decirles que había en aquellas películas –la lista es larga, desde “Navajeros” o “Yo, el Vaquilla” al asfixiante hacer de las dos partes de “El Pico”-, pero si que para un servidor el carisma de los actores y directores que las hicieron posibles (amateurs en mayoría en el caso de los primeros) era patente. Cuando hace un par de años los de Aluche irrumpieron en la escena esgrimiendo ese estilo que llaman Rock Cañí y poniendo en su disco de debut letras como la de “17 Palos” me acordé de todo aquello de nuevo.
Y conste que no era por que Derby Motoreta´s… o El Coleta, por citar algunos nombres, no nos lo hubieran recordado ya, lo que me atrajo fue la juventud del grupo y que hicieran gala de ello además (aquella entrevista para Mondo Sonoro en la que decían “no somos gente moderna, ni pretendemos serlo”) en unas canciones que admitían muchas lecturas. La carta de presentación fue el seminal “Fina Estampa” tras la época con Rodri Arias, un disco que rezumaba un sonido de rocknrollers de barrio que lo hacia cuando menos deudor de épocas en las que mandaban nombres como Leño, Cucharada o el Ramoncin de “Marica de Terciopelo”, y que les llevó a ocupar slots lujosísimos en citas enormes (como el Primavera Sound) casi sorprendentes para unos recién llegados. De ahí la importancia de poder verles en la cita de Los Santos para el que suscribe.
Merendarse el papelón de abrir en cualquier evento gordo -en la forma de festival o la que sea- es comprometido siempre y cualquiera que lo haya hecho podrá atestiguarlo. Cuando salen y hacen “Farolero” mas allá de la entrada, la voz de Nerea Santotomás preside, lo haría toda la comparecencia, la canción si, pero sobre todo me atrapa lo buen guitarrista que es Jorge Montero –bastaba con mirar el solo que se marcó- convirtiéndose además en la seña de identidad de todo el bolo, y fijando la atención. Practicantes de un Rock que huele a Rosendo por los cuatro costados (basta con cambiar Carabanchel por Aluche), es cierto, pero que también congrega por ejemplo a los Burning de Pepe Risi me atrapa el empalme de “Muy Profesional” con el tremebundo “Bestia Bestia” de Ilegales y el buen hacer de la base de Jorge Crespo y Kike Gutiérrez en el desarrollo de “Leña en el Barrio” con sus cambios, pero también a lo largo de toda la noche.
De ahí al final se enrocan en un setlist que debió llegar mas abajo, como Santotomas me hace recordar que Aurora Beltrán es una diosa al hacer “17 Palos” la energía de “Todas Mis Amigas” o ese macarra que te asalta a punta de “Malos Tiempos” y que al final te machaca con la tremenda ultima parte del tema, pero ni aun con eso. Ni tan siquiera el ritmo de “En Carne Viva” que debería haber puesto a hervir la olla sirvió para ello, y vuelvo a lo difícil que es abrir algo así, con la gente –más allá de honrosas excepciones sobre todo en la ultima parte del pase- a otras cosas. Y es una pena por que les sobran ideas y actitud a raudales. Que pasajes como el alargue de “Hombre Ruina” o “Soledad” no llegaran mas fue una tragedia es cierto, y no será por que no lo intentaron ojo, pero también lo es que no es nada que no se pueda solucionar, y consideraría un fallo no seguir hacia donde pueda ir su carrera en los años que vengan.






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