Caminar, ese verbo que tanto me gusta conjugar, siete letras alineadas como
pasos que te permiten mover de un lugar a otro utilizando tus piernas, para
estar siempre conectado a la realidad. Llevo unos días caminando dentro de
contexto diferente, que te permite caminar por los caminos de la reflexión.

Muchos son los vericuetos por los que este verbo, siempre dispuesto a ser
conjugado por personas o animales, te puede conducir.
Caminar por la naturaleza, es quizás el más natural de todos ellos, el
movimiento acompasado de las piernas, te permite desplazarte a través de
senderos por los siempre existirán sensaciones para regar los sentidos.
Esfuerzo físico acompasado en el tiempo para recorrer caminos llanos,
empinados, de tierra, de asfalto, pedregosos, llenando tu espíritu. Caminar en
solitario, acompañado, en silencio, deprisa, despacio, son tantas las opciones
con se pueden combinar, que hacen de este verbo uno de los que en el día a
día, le sacamos más partido, normalmente sin darnos cuenta.
César Antonio Molina ha escrito un libro titulado “Todo se arregla caminando”,
interesante título para unir un conjunto de reflexiones sobre el caminar y sus
posibilidades. Estoy completamente de acuerdo con él, tiene efectos
reparadores para el cuerpo y el alma. Caminar te permite conocer la vida de los
otros, conocer otras realidades, dependiendo por la senda que escojas, te
llevará hacia experiencias distintas.
Es la forma de caminar una de las señas de identidad de las personas, de lejos
por sus andares puedes conocer a una persona. Por ello, le va acompañando
en las distintas etapas vitales, por supuesto también envejece con él. Es duro
cuando el caminar empieza a arrugarse, se hace lento, torpe, la mirada se
pierde en el suelo…caminar es una forma de pensar.
El caminar por la literatura conlleva estar siempre atento para poder interactuar
con los distintos personajes que se esconden a la vuelta del camino (hojas del
libro) siempre agazapados, dispuestos a entablar conversación con el lector
para dar su correspondiente clase. Caminar por la educación es una aventura
con tintes atléticos, mucha formación, entrenamiento, empatía, para inculcar
una serie de valores necesarios para incluir en la mochila de la vida. Caminar
por el mundo de la justicia, conlleva hartarse de paciencia, esperar las
interpretaciones a veces más meridianas, para escuchar sentencias que no
sabes si te condenan o absuelven.
Y qué decir de caminar por la política. Si esta nació para resolver problemas y
hacer más fácil la vida de los ciudadanos, hoy el camino está lleno de baches,
de direcciones no muy claras, por donde se pierden caminantes poco
transparentes, para coger atajos que le permiten llegar antes para llevarse el
pastel. Caminar por la historia tiene su encanto, poder encontrarte con personajes que han contribuido a realizar cambios sociales, a otros no tan
afortunados que echaron por tierra años de progreso.
Pero quizás sea caminar por la ciencia una de las aventuras para mí más
motivadoras. Un camino muy poco conocido, por el que caminan pocos
caminantes, pero que ha supuesto enormes avances para la humanidad.
He caminado estas semanas por el hospital, donde he podido comprobar el
trabajo en equipo de estos profesionales que dedicando muchas horas a la
investigación, consiguen que los caminantes podamos reparar las averías que
van surgiendo en el caminar de la vida, este caminar personal, digno de escribir
un libro de cada uno de ellos.
Aprovechando los tiempos sin turnos en el hospital, he leído Instrumental, el
caminar por la vida de James Rhodes. Una apuesta atrevida y conmovedora,
donde relata sabiamente sus triunfos, sinsabores, sus sufrimientos, sus
amores, sus éxitos, sus pájaras, sus recaídas, de una vida espectacularmente
rica. Ha tenido enorme valor de contarlo y de qué manera. Él que ha caminado
sufriendo por el mundo de la pedofilia, que se ha levantado y caído numerosas
veces en su camino, ver cómo echando mano de la música, especialmente el
piano, ha conseguido CAMINAR DE NUEVO produce gran satisfacción. Y
sigue derrochando grandes dosis de creatividad, de lucha para que ningún niño
sufra ningún abuso, de dar a conocer la música clásica, introduciendo cambios
en un campo muy poco dado a ello. Recomendando la música para curar los
males de espíritu. Se puede añadir que todo se arregla caminando y
escuchando música.
Lo escucho mientras escribo, interpretando la Chacona de Bach, combustible
del bueno para darle impulso al verbo caminar, que cuando te lleva por el
mundo de la creatividad adquiere aires de grandeza. En la pintura los colores
se mezclan, se difuminan para caminar desprendiendo sensaciones, cercanas
o lejanas da igual. Caminar por el cine es dejarte llevar por la imaginación,
volando, desprendiéndote un poco tu persona para meterte en la vida de los
otros.
Caminar por el teatro conlleva meterte en la piel del otro, interactuar en directo,
de manera brillante, ojalá esto esté ocurriendo estos días en Ciudad Rodrigo,
rompiendo la monotonía de una población muy poco dada a conjugar este
maravilloso verbo. Caminar y aprender dos buenas opciones para darle sentido
a la vida.

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