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Crónica de ADN Festival

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Unos apuntes, antes de meternos en faena.

No hace falta ser muy observador para ver y entender que la gente, todos, no se engañen, tenemos autentica necesidad y ganas de volver a la ansiada antigua normalidad. Bien sea en forma de vacaciones y viajes, de salir por la noche, de acudir a restaurantes o, por supuesto, de volver a cantar, bailar e interactuar como antes en los conciertos y festivales.

Y no me refiero con el actual modelo y protocolo, indiscutible por otra parte, que es un autentico martirio cuando el asunto repunta en alto con cualquier artista (ocurrió con Arde Bogotá a media tarde y alguien de la organización, con muy buen tino, pidió desde el escenario calma) y la lógica de los espectáculos musicales en directo te lleva a gritar a pulmón partido y a moverte, sino a como los hemos conocido siempre antes de que la pandemia lo cambiara todo.

Por supuesto que la elección entre tener ese formato y no tener nada está perfectamente clara, faltaría mas, pero es cierto que no por eso deja de ser menos duro afrontar un cartel largo con varios artistas, con la dictadura  de una silla comprimiendo, aunque sea en uno tan bien echo (cuidado y mimado al máximo con un sistema de códigos QR para la oferta de restauración, acomodadores, un ejercito de camareros con un trabajo intachable etc. etc.) como el que nos ocupa.  El anuncio el día antes de la relajación de las medidas sanitarias palió un poco que duda puede caber, pero llegó tarde de cara a lo que ya estaba organizado y montado con planes específicos.

El auditorio Ruta de la Plata de Zamora es un sitio un poco feo, pero funcional para albergar eventos. El estreno de la nueva marca de los responsables del indispensable ZLive acartelaba en su primer año una lista de nombres cuando menos interesante.

El Lado Oscuro de la Broca se merendaban el papelón de abrir con solvencia y dignidad. De acuerdo que tal vez la hora no era la mas propicia con la gente aún colocándose y llegando, pero en ningún momento dejaron transmitir que eso les afectara desde que abrieron con “Tropical”. Recuerdo lo mucho que me impresionaron cuando les vi acompañando al ínclito Domingo Sánchez en su alter-ego Cagon and Crista y las veces que les he visto después solos o con otras bandas. Fueron de menos a mas, “Frenética”, la revisión de “En el Frente de Gandesa” de Joaquín Díaz o la estupenda “Cartas al Apóstol”, nos llevaron en volandas.

Era el siguiente acto, o al menos así lo pensaba el que suscribe, un momento para gourmets y entendidos, y un acierto absoluto del cartel como luego se vio. La inclusión de uno de los nombres del momento planteaba ya de por si la visita obligada al festival. Arde Bogotá llegaban con un disco conceptual (¿…?) aunque no lo crean a estas alturas, “la Noche”, y un single, el celebérrimo “Millenial”, de muchos octanos debajo. Con una estrella emergente al frente como Antonio García su cantante, consiguieron los de Cartagena poner el auditorio bajo su mandato y a la gente entregada y feliz desde que salieron y desgranaron el álbum con aplomo de grandes, protagonizando además uno de los momentos del día cuando este se bajó al publico durante “Te Van a Hacer Cambiar” (atención a esto amigos: se puso una mascarilla para colarse entre el personal y cantó con ella). Me enganchó especialmente como se trasladaron “Exoplaneta” al escenario y la solvencia de la banda. Dentro de nada , ya lo verán, cerrarán muchos de nuestros eventos favoritos.

Reconozco lo difícil que me es abstraerme de cualquier cosa que afecte a La Habitación Roja sin pensar en “In The Middle of Norway”. En mi opinión ese documental de Mia P, Salazar es unos de los mejores de la historia de la música patria, y cuando sale Jorge Martí al frente de la banda, irremediablemente pienso en él. Es la primera vez que se presentan en la ciudad, así que optan por un recorrido por su discografía en un gesto que les honra y propician momentos, me congratulo de poder oír cosas como “Fotógrafo del Alma” ó “Febrero” a petición esta de alguien del publico, importantes, aparte de las paradas obligatorias en “1986” o “Indestructibles” que, benditos die hard fans, dedican a alguien con una pancarta en la parte alta del graderío. Ponen a todo el mundo en pie con un “Voy a Hacerte Recordar” antológico y aunque en algunos momentos acuso cierta tendencia en el bolo a que se aplane y siga en automático, consiguen que la cosa pase con oficio y con “Las Canciones” se pulen un buen must para cerrar.

El problema con La M.O.D.A. es que es ciertamente difícil atacarles por algún lado. Tienen un cancionero a prueba de bombas, son tipos profesionales y trabajadores a los que, menos mal por dios, no se les ha subido a la cabeza el estrellato absoluto del que disfrutan ahora, y sobre todo respetan y quieren a la gente, el publico al fin y al cabo, que les ha llevado hasta allí. La decisión de grabar su ultimo álbum, el estupendo “Ninguna Ola”, con uno de los mas grandes del panorama actual y no hará falta que les desgrane el currículo de Refree, y las sonoridades que han conseguido con el son sencillamente algunos de los mejores momentos de su carrera, y cuando abren con “93 Compases” ya se ve a la legua que aquello va a ser grande. En directo son, ya lo dije en su momento hace años, una fuerza de la naturaleza y aunque se tiende a entronizar, justificadamente no lo discuto, a David Ruiz y su voz rasgada todos, no pierdan nunca de vista a Joselito Maravillas en el acordeón, son intachables. La lista de lo que se pulieron quita el hipo, “Amoxicilina”, “Vasos Vacíos”, “Los Lobos”, “1932”, “Hijos de Johny Cash” y lo mas importante para un servidor, los nuevos temas “La Vuelta”, “Un Bombo una Caja”, encajan a la perfección en el set-list. Para la historia de festival quedará en las retinas una parte final, “Nómadas”, “Gasoline” y la épica que imprimieron a “Héroes del Sábado”, inolvidable, con la gente de pie y cantando y bailando casi, casi ojo, como antes.

El aviso a navegantes es obvio. Me refiero por supuesto a que la cita ojalá sea de obligada continuidad.

Paco Jiménez
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