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Crónica | Festival Emergentes en Toro

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Fue tan breve como solo una frase puede serlo, y ocurrió a media tarde cuando llevábamos un rato mirándoles. La soltó Ariadna Rubio uno de los dos vértices de TéCanela y sin duda fue unos de los momentos del festival, y si me apuran del verano, y para nuestra vergüenza pasó sin pena ni gloria. No gritamos demasiado, ni aplaudimos hasta quemarnos las manos, ni nos emocionamos apenas. El hecho de que acabara de dar en el clavo con su sentencia, tomen nota por que tiene tela,  no cambió el rumbo de la tarde, pero que bueno fue oír “la cultura está en las calles” a alguien encima de un escenario.

Puede dar envidia sana lo que sugieren las maneras que parece enarbolar Toro con su programación cultural/musical para el verano (me flipo cuando veo que va de Ara Malikian a Recycled J sin ningún problema), y para cuando me planto en el sitio tampoco se puede evitar pensar en donde se llevan a cabo todas esas propuestas y el festival. La plaza de toros a la que accedemos por el contiguo Teatro Latorre está declarada bien de interés cultural desde hace años, y la ya cansina discusión de las dichosas sillas que pueblan la arena (que si que es un agobio, pero cada vez pasamos más rato fuera de ellas), sigue sin conducir a ninguna parte. Es esto o nada así que superémoslo ya y a otra cosa.

La apertura del día la puso Dulzaro por ser el ganador del concurso de bandas emergentes que auspiciaba el festival. La propuesta era tan arriesgada para abrir algo así en pleno estío, como atrayente y singular para no dejar de ver como evoluciona en el futuro. La unión de folk tradicional y electrónica, oscura ojo a este detalle, no es nuevo, pero hay que descubrirse con piezas de osada orfebrería que incluyen programaciones y percusiones, obra de Héctor Varela que estuvo muy acertado, secuencias, canciones tradicionales y mucho influjo de la poesía de Lorca. “La Romería”, “Córdoba” o su revisión del clásico “La Tarara” me hacen no poder evitar dejar de mirar al escenario desde que salen, además, con una cuidada puesta en escena, y pensar inevitablemente y salvando las distancias en Skyforest o si me apuran Chancha Vía Circuito.

No creo ni mucho menos que el éxito, moderado aún, pero creciendo cada vez más, del que disfrutan TéCanela en la actualidad no sea algo merecido. En opinión del que suscribe la frescura que emana de su cancionero irremediablemente invita a mirarlos como una de las referencias de ese cajón de sastre que parece ser la (¿…?) canción de autor, nunca he entendido esto ¿no son todas autoría de alguien?, y pusieron el sitio a emanar de buen rollo y felicidad. Con sus letras con el toque justo de compromiso social, y el buen hacer de los dos con los instrumentos, de la turuta y la flauta travesera  que maneja Ariadna Rubio acompañando a su voz mágica a la guitarra y los coros de Jano Fernández, trasmitieron diversión y alegría de vivir con momentos realmente inspirados. “Mi Yo Cabrón”, la revisión del “Solita Conmigo” de Extraño Veneno y la de “Os Cesteiros” en la que citan a Rodrigo Cuevas y la parte final con “Como Cabras y “La Rumba del Tartamudo” emanaron vitalidad y pusieron el sitio a bailar obligatoriamente.

Escribía Cesar Prieto en su critica de “Las Montañas” que en Delaporte “el contraste entre naturalidad y maquina resulta fascinante”. Me acuerdo de la frase mientras veo el crecimiento exponencial que ha convertido al dúo en un fenómeno de masas ya. Y no es solo que hayan sacado uno de los proyectos más interesantes del año para un servidor, me refiero a Titanas” por supuesto, es que en directo cada vez van a más. La mezcla hipnotizante de sonoridades electrónicas que practican es tan potente como adictiva, y lo único que puedes hacer es rendirte a la celebración. Convirtieron el sitio en una rave en un pase atómico, “Cariñito” cayó la tercera (me parto de risa cada vez que alguien se extraña de que sea de Novedades Carminha) pero que quieren que les diga con un set-list que incluye “Clap Clap”, “Ni un Beso”, “Superman” o la obligada “Un Jardín” no puedes fallar, en un bolo fluido y que paso como una exhalación , y se llevaron de calle a la gente que dedicó a Sandra Delaporte y a el, en mi opinión, no suficientemente valorado Sergio Salvi sus bailes infinitos. Me salto el guiño a The Prodigy porque, casualidades o no, alguien hace sonar Rush cuando todo acaba. Grandes.

Tienen toda la lógica del mundo que Shinova quieran sentarse a la mesa de los que manejan el cotarro (Vetusta, Izal Love etc), pero el problema es que hay muchos comensales alrededor deseando pillar el plato y no deberían descuidarse. Y van seis discos no lo olviden. Y conste que no estoy diciendo que no estén bien centrados en ello, esta gira, que según dijeron será larga, les sirve para presentar el nuevo “La Buena Suerte” y ver que funciona correctamente en el escenario. Solo tienen que ver el inicio con “Puedes Apostar Por Mi “o las paradas en la magnifica “Solo Ruido” o “Gigantes”. capitaneados por los dos nombres, igual de importantes a mi entender, Gabriel de la Rosa a la voz y Ander Cabello al bajo, claves de la historia de la banda. Y repito nada que objetar a la propuesta, aunque el que suscribe acusó un poco de cierta línea plana hacía  la mitad del bolo que me hizo bajar, pero si alguien el otro día escribía sobre lo pobladísima que está la escena del Trap en suelo patrio, de esta ni les hablo. Tienen canciones y, lo más importante, un publico fiel que les adora, mucha gente había acudido al festi por ellos, y que debería hacerles subir los peldaños que faltan. Pero mejor no dormirse por el camino.

Convendría a quien corresponda tomar nota de asegurar el futuro del festival. Pinta muy bien.

Paco Jiménez
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