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Crónicas Urgentes, Ferias 2026 | Día 8

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Lo escribimos en su momento. Pero es la verdad, y ya casi nadie lo recuerda. En los años setenta Madrid vivió un pequeño terremoto en el flamenco más tradicional: el Sonido Caño Roto, aquella mezcla de rumba y fandango con elementos del rock, el soul y el funk. Cada vez que el que suscribe se encuentra con los de Casas de Don Pedro se acuerda de aquello. Y totalmente de acuerdo que no hacen Caño Roto ni cuentan exactamente aquella historia, pero comparten a mi entender una intuición esencial: la música popular no tiene por qué elegir entre sus raíces y el presente. Puede alimentarse de ambas cosas. 

 

Quizá por eso resulta tan natural que sobre el escenario de una plaza abarrotada -sin sorprendemente, llegar a llenarla- aparezca una reproducción de la puerta de la cochera, una de tantas, donde empezaron a ensayar, y que buena parte de la iconografía del grupo remita al viejo cartel del Nitrato de Chile, aquel jinete convertido en uno de los grandes iconos gráficos de la España rural. No hay aquí nostalgia impostada ni afán de reconstrucción arqueológica. Hay orgullo de pueblo. Y también una manera de hacer canciones que huelen a verano y a verbena, a plazas llenas, a noches sin final y a canciones cantadas a pulmón mientras alguien agita el último vaso.

 

La imagen resulta todavía más poderosa cuando se piensa dónde está ahora aquella puerta. La cochera ha quedado convertida en escenografía en la Plaza Mayor de Salamanca, delante de una de las noches más esperadas de las Ferias. Entre una cosa y otra han pasado unos cuantos kilómetros, muchos escenarios y, sobre todo, un crecimiento que empieza a resultar difícil de explicar solamente en términos de popularidad.

 

Sanguijuelas salieron a tocar con la misma formación que vienen manteniendo: Carlos Canelada (guitarra) y Juan Grande (teclados y guitarra) repartiéndose las voces, Víctor Arroba al bajo, sintetizadores y secuencias y Manuel Oliva a la batería. Y desde el principio hubo algo que permitía intuir que esta noche iba a ser distinta a algunas de las últimas veces que los había visto. Me refiero claro, al estreno de nueva música.

 

La banda está a punto de parar de girar por un tiempo, para meterse a grabar su segundo disco. Y en Salamanca pusieron de largo una canción que, de momento, no tiene nombre. Ellos mismos la llaman simplemente Nueva.La canción suena a Sanguijuelas por los cuatro costados. Una guitarra poderosa preside un tema que no parece querer romper con aquello que la banda ya ha construido, sino continuar desde ahí. Hay algo especialmente significativo en eso: cuando un grupo empieza a pensar en su siguiente disco, el verdadero desafío no está tanto en inventarse otra identidad como en comprobar si puede seguir avanzando sin perder la que ya posee en opinión de un servidor.

 

Pero yendo al turrón,  el concierto fue de menos a más. Y tuvo además algunos problemas de sonido que no ayudaron durante buena parte del recorrido. Pero fueron encontrando el pulso poco a poco, como si también ellos necesitaran hacerse con las dimensiones de una Plaza Mayor que, a esas alturas, ya les pertenecía bastante más de lo que podría alguien imaginar hace apenas dos años en su paso por La chica o los bolos de Camelot.

 

Se aplicaron a un setlist de órdago, “Puñales” “Quiero parecer”, El Estandarte, la fiesta del empalme de “Jaribe y Jota Final” con Grande bajando a la olla, en los que lo que planeó por encima estaba fuera de toda duda: Estopa, Extremoduro, Los Delinqüentes o cualquiera de los nombres que aparecen inevitablemente al hablar de sus influencias. Pero la banda afortunadamente, ya ha construido un lenguaje propio y reconocible. Aun así se agradece verles revisar al rey Iniesta en “Nada que Perder” o a los hermanos en un inmenso “Me quedaré”.

 

También hubo espacio para una nueva colaboración. Javi Medina, antiguo miembro de Aldeskuido, una de las bandas que Sanguijuelas cita entre sus influencias, subió al escenario para compartir El Bar, una canción que verá la luz en octubre y que pertenece al futuro del propio Medina, no al segundo disco de los extremeños. Fue un encuentro con algo parecido a la familia musical que ayudó a construirlos. Después llegó Nueva, la canción inédita, y con ella una sensación que puede acabar siendo importante dentro de la historia de esta banda. La gira empieza a tocar a su fin. El segundo disco se acerca. Y Sanguijuelas parecen dispuestos a entrar en esa nueva etapa sin necesidad de cambiar las reglas que los han traído hasta aquí. El tema por cierto suena a ellos por los cuatro costados. 

Pero si hubo una verdadera demostración de poder, llegó en el tramo final.

Que la banda haya conseguido que una palabra como rebola haya entrado en el acervo popular dice muchísimo de lo que les ha ocurrido en apenas un par de años. La han convertido en patrimonio. Probablemente hayan hecho más por reivindicar la lenta agonía del medio rural, que muchas campañas institucionales en décadas. La imagen de los miles de personas cantando esa canción, queda para la hemeroteca. El apabullante momento de los pasos por Mirando por los Mios y Septiembre con la presencia de Héctor Lacosta, cantante de Tu Otra Bonita que tuvo una carga emocional evidente al jugar en casa este. La colaboración encontró su mejor versión cuando la canción y la banda pisaron el acelerador, convirtiendo el inusual junte en algo mucho más físico.

La imagen final con la plaza poblada de banderas de Extremadura mientras hacían su famosa revisión de Los Cabales  -”Llevadme a mi Extremadura”- fue quizá el verdadero triunfo de la noche. No solo habían conseguido que miles de personas cantaran sus canciones. Habían logrado que parte de ese público quisiera llevar consigo aquello que las canciones representan, y eso a mi modesto entender no tiene precio. 

 

Paco Jiménez
El Rock n Roll es más grande que la vida

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