CrónicasculturaPaco Jiménez

Delaossa | Multiusos Sánchez Paraíso, Salamanca

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Habían pasado seis años desde que Un Perro Andaluz irrumpiera con fuerza en la escena patria del rap. Tras dejar por el camino Playa Virginia, Delaossa regresaba por fin con La Madrugá, un trabajo que no solo representa su madurez artística, sino también personal tras la factura enorme que las adicciones le había pasado. El malagueño lo confesó sin rodeos: “La Madrugá me ha sacado del éxito y del alcohol. Ese es mi éxito; cómo le vaya al disco es secundario”. A base de terapia, disciplina y un largo proceso de rehabilitación, ha vuelto a encontrarse. Y lo ha hecho bajo una presión enorme: la de firmar, según sus propias palabras, “el disco de la década”

 

Entre la multitud de opiniones que ha generado este nuevo trabajo —unas más favorables que otras—, me quedo con la de Sebastián Arteaga en Diario Sur, quien lo definió como “un crisol artístico y existencial”. A mi entender La Madrugá es un ejercicio de sanación que crece conforme avanza la escucha, aunque sin llegar a destronar en ningún momento, esto es importante, a Un Perro Andaluz como disco en conjunto.

 

La gira para presentarlo—la más importante de su carrera según contó, con once fechas confirmadas por toda España— despertó una expectación enorme desde su arranque en Barcelona. Salamanca era la tercera parada y, por supuesto, no defraudó.

El montaje, pensado para grandes arenas, tuvo que adaptarse a las dimensiones del Multiusos Sánchez Paraíso, pero aun así resultó impresionante. Le acompañó una banda impecable: Christian Delgado (batería), Nacho Morales (guitarra), Kevin Díaz (teclados) y Jesús Bachi (bajo), además de los coros de Auri Salazar y Elena Salgredo, que aportaron emoción y calidez a cada tema. 

El concierto se estructuró en distintos actos desde que arrancó con la voz de Tijeritas en Un Gran Sueño, enlazando con 2The Sky, mientras el escenario se transformaba en una plaza, La Placita, con amigos y familiares como invitados con una partida de cartas, un  banco con una conversacion o un vecino que va de pesca. En un lateral, su padre, José Enrique, pintaba un cuadro en directo en una imagen costumbrista muy poderosa y sentida, que además humanizó -lo hizo todo el concierto- lo que llegó despues apoyandose también en cuidadas proyecciones.

Las canciones de esa primera parte, la infancia o el arranque de todo, son una delicia: “Rey”, el empalme de “Si tu Supieras” con la estupenda “La Placita” con “La Barra del Bar” como pegamento, con las canciones del siguiente acto-la juventud alocada- con las traslaciones intachables de “Bling Bling” “Ojos verdes” o un “Rounders” inmenso. Al finalizar ese bloque tras un “Malagüero” que nos puso en órbita llego uno de los momentos más emotivos y bonitos de la noche al compartir con su padre el tema que le dedica el estupendo “Cuanta falta”.

Con esa barbaridad en directo que es “Demonios de Blanco” -san Jorge sonando por arriba y presente aun estando en Nueva York- iniciaba el acto de las caídas descolocando con la versión certera y muy respetuosa del “Pájaros de Barro” de Manolo García que confirmó lo bien que esta su voz y que hace por ser la canción favorita de su madre, a la cual honra con una sentida “Estrella” y nos despacha luego esos dos pepinos que son “Veneno” y “Limón y Sal” cantados al alimón por las 2000 almas que había allí y allanando el lio para la parte final. 

El último acto.

 

Nombrado simplemente como el disco hizo con todos sus invitados en escena una preciosista revisión de “Nueva Season”, nos apabulló con “El Patio” y, su favorita del disco según comento, “Mariposas Rojas” junto al coreado “Stillluvin” y cuando empezó a sonar ese bolero precioso que es “Otro Amanecer” con Calamaro casi presente acompañándole, esa parte de la canción –“ Ya guardé mi revolver en busca de redención…” – se antojó perfecta para lo que habíamos visto en una noche inolvidable que le devolvía más humano, al trono de nuevo.

 

Imprescindible.

Paco Jiménez
El Rock n Roll es más grande que la vida

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