Una dieta cetogénica o «keto» es aquella en la que se elimina la ingesta de hidratos de carbono y se aumenta el consumo de grasas, modificando el metabolismo normal del cuerpo obligándolo a nutrirse a partir de las cetonas resultantes del metabolismo de los ácidos grasos.

Basándonos en que un cambio en las vías metabólicas podría erradicar o mejorar ciertas enfermedades se han llegado a escuchar teorías sobre como podría curar el cáncer, el Alzheimer, la diabetes tipo 2 y una gran variedad de enfermedades, que como es lógico, no cura.

Bien es cierto que hay estudios publicados en los que sí que se aprecia mejoría en el tratamiento del cáncer. El más importante está publicado en la revista Nature, una de las más prestigiosas del ámbito científico, y en dicho artículo se relaciona el “estado cetogénico” con una mejoría de la acción de los inhibidores de la quinasa PI3K.

Tomando dicho estudio, no pocos «curanderos» (llamemos así a cualquier persona que se lucra dando falsos tratamientos) afirman que la dieta cetogénica (y el consiguiente estado cetogénico) es capaz de curar el cáncer, y a simple vista no difiere tanto de un razonamiento lógico ya que, conociendo que las células tumorales podrían resumirse en “máquinas” de utilización de glucosa para sobrevivir y reproducirse, si eliminamos los hidratos de carbono del organismo, y por tanto reducimos drásticamente los niveles de glucosa, las células tumorales podrían morir de inanición.

Lo que los curanderos no nos cuentan es que en el mismo artículo, los autores quisieron averiguar si la dieta “keto” era la responsable de la mejora pronóstica, y para ello trataron diferentes tipos de tumores en modelos de ratones únicamente alimentándoles con una dieta cetogénica, sin quimioterapia. La sorpresa fue verificar como en algunos ratones el cáncer había avanzado incluso más rápido que en los que seguían una dieta equilibrada.

El siguiente paso era averiguar porqué mejoraban la acción de los inhibidores de la quinasa PI3K. Pero para ello debemos saber que las quinasas son un conjunto de enzimas (más de 500) implicadas en múltiples funciones básicas del organismo, entre ellas la reproducción celular.

En concreto la vía PI3K, es la implicada en la mayoría de los casos de cáncer de mama y en muchos otros tumores, por lo que se le considera una diana terapéutica, es decir, manipulando esta vía podríamos acabar con estos tumores. Pero además la PI3K está implicada en el metabolismo de la glucosa, produciendo hiperglucemia al aplicarse inhibidores, lo que produce un aumento reactivo de los niveles de insulina. Hasta aquí todo correcto, pero la insulina actúa aumentando la señalización de PI3K en las células tumorales, haciendo que progresen.

En resumen, los inhibidores de la quinasa PI3K que detienen la progresión del cáncer generan el aumento de los niveles de insulina, lo que aumenta la progresión tumoral. Es decir, lo que sería la cura, hace que el cáncer sea más agresivo.

Y ahora es donde viene la parte interesante, ¿qué tiene que ver la dieta cetogénica con todo esto? Pues bien, como hemos mencionado antes, la dieta «keto» disminuye los niveles de glucosa, ya que el cuerpo pasa a alimentarse de la acetona resultante del metabolismo lipídico. Por lo tanto si hay menos glucosa, la hiperglucemia derivada del uso de los inhibidores de la quinasa PI3K será menor, por lo que el aumento de insulina para conseguir la normoglucemia será menor y por tanto no se estimulará la vía PI3K de las células tumorales. Pudiendose resumir en que causa sinergia con el uso de los inhibidores, mejorando los resultados.

Por lo tanto las dietas «Ketos» por sí solas no “curan el cáncer”, sin embargo consiguen cambios en las vías de señalización celular útiles en el tratamiento con inhibidores de PI3K.

No debemos olvidar que el cambio en el metabolismo derivado de la disminución de la ingesta de hidratos de carbono y el aprovechamiento de las cetonas conlleva efectos secundarios como vómitos, diarrea o estreñimiento y otros mucho más graves como hiperglucemia, hipercetonemia, acidosis metabólica, hiperlipidemia, nefrolitiasis, retraso en el crecimiento, patología cardiaca (en concreto arritmias), hipovitaminosis, déficit de minerales y disminución de la masa ósea.

Es por ello que teniendo en cuenta esta interminable lista de efectos adversos que aparecen comúnmente en los usuarios de dietas cetogénicas NO SON RECOMENDABLES, siendo lo más saludable una nutrición equilibrada y mediterránea, que ha demostrado mejorar notoriamente la calidad de vida.

Documento de interés

Ignacio Coll
Estudiante de medicina e investigador biomédico, amante de la divulgación y de la oncoinmunogenética. En guerra contra las pseudociencias y la ignorancia científica. Trabajando para resolver dos grandes enigmas: ¿Qué es el cáncer y cómo podemos acabar con él? ¿Estás listo para descubrir todos los secretos que guarda la naturaleza y como podemos beneficiarnos de ellos?

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