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FACYL 2026 SALAMANCA | SEGUNDA NOCHE

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De acuerdo en que la puesta en marcha del escenario de la Plaza Mayor concentraba el grueso de la actividad musical del festival —y, como luego se comprobó, con razón—, pero tenía quien firma mucha curiosidad por acercarse por primera vez al directo de Rosalinda Galán, que llegaba al imponente Patio Chico. Y no tanto por el extraño episodio de su paso por el Benidorm Fest, que la puso en boca de todos, sino por lo que está logrando con la actualización de un género que parecía, al menos desde fuera, condenado al inmovilismo y que ella ha decidido reinterpretar a su manera.

Esa fusión de capas electrónicas y copla dio como resultado un pase fabuloso que se antojaba difícil de dejar pasar. Me congelo con las entradas de los conciertos de la noche, que no acabaron de llenar, en una situacion inexplicable . No ocurrió así después en Las Conchas, de lo que hablaré más adelante. Y fue una pena en ambos casos.

 

Acompañada por la enorme Ainoa Buitrago —no se pierdan su disco “La Ruta de las Flores”— en las secuencias, la percusión y las guitarras, firmó una comparecencia tan medida como brillante. Hubo espacio para estrenar hasta cinco canciones nuevas —“La Romancera” fue de aúpa, bajando a la olla para cantar entre la gente— y también para rescatar estándares del género, retorcidos y reconstruidos con una imaginación desbordante. Ahí estuvo, por ejemplo, “Farsa Monea”, demostrando que todavía hay mucho que decir cuando se revisita la tradición sin miedo. Y eso amigos, a mi entenderno tiene precio. Uno de los bolos tapados del festival, sin duda.

 

Se me cae el alma al suelo cuando me enchufo a la preciosa Plaza Mayor —el sitio más bonito del mundo para ver conciertos— y descubro quién ocupa la batería de la estratosférica banda que acompaña a Walls. David Serrano, más conocido como Deiv Hook, no solo toca en Kitai o en Los Hijos de la Ruina. Es también uno de los bateristas más en forma y mediáticos del país. Pero es que el resto del grupo tampoco se queda atrás, demostrando el excelente gusto que tiene el protagonista para rodearse.

Desde que arranca con un estupendo “Flores Mustias” me atrapa la naturalidad con la que Walls se ha convertido en una gran estrella del pop-rock, aparcando buena parte de aquel pasado más ligado a la música urbana. Es una de las caras más reconocibles de eso que se ha dado en llamar la Nueva Ola Pop, un movimiento que comparte espacio con nombres como Hens, Pole. o Serko, por citar solo algunos ejemplos.

 

El gran protagonista de la noche fue su último álbum, el interesante “El día que me olvides”, y había muchas ganas de comprobar cómo se trasladaban al directo momentos tan importantes como “Barriles de pólvora”, “Como una rata” o “No te preocupes por mí”. Pero tampoco le dolieron prendas —ni tenía por qué— a la hora de detenerse en algunos de los grandes must de su carrera, caso de “Si me muero” o el rotundo “9472”.

Resultó especialmente liberador verlo empuñar la guitarra en muchos pasajes del concierto y apoyarse en esa banda sencillamente espectacular. Qué trabajo tan estupendo el de Alberto Giménez a los teclados, por cierto. Entre todos fueron construyendo una comparecencia repleta de momentos inolvidables, con un “Malavida” gigantesco como uno de los puntos culminantes de la noche.

No creo que el nombre que me venía constantemente a la cabeza mientras veía el concierto —Bruno Mars— apareciera por casualidad. No por una cuestión estilística, sino por la dimensión del espectáculo y por la reacción que provocaba abajo. La histeria colectiva, todo el público cantando y bailando cada palabra y esa sensación de estrella total me hicieron acordarme inevitablemente del de Honolulu.

La noche echaba el cierre con la sesión de Sora Éke en Las Conchas. Fue un set de corte HXC que transformó la biblioteca y su patio majestuoso en un club berlinés a ritmo de rave. El tirón del talento que tiene para mezclar —y la forma en la que lo hace— la hizo merecedora del mayor lleno de la noche y, probablemente, de todo lo que llevamos de festival.

La cola llegaba hasta la calle de la Rúa, pero es perfectamente entendible una vez ves la energía que desprendía su sesión.

Como para perderse una noche asi. Pero queda mucho mas.

Paco Jiménez
El Rock n Roll es más grande que la vida

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