La paradoja de Epiménides –“Todos los cretenses son unos mentirosos”, enunciada por un nacido en Creta de pro- podría adecuarse sin problemas a los tiempos actuales. Bastaría con aplicarla por ejemplo a la industria de la música, que apesta a falacia retroalimentándose además de ella. Teniendo eso claro se puede entender (¿…?) como a un proyecto como el que nos ocupa no le haya llegado el éxito sino masivo, al menos de grandes audiencias. Y admitiendo, faltaría mas, que no es solo eso lo que hace falta e influyen muchos otros factores, no de deja de ser al menos perturbador.
Conste también que pensándolo el que suscribe, no sabría decirles si tal vez prefiera que siga así. A lo mejor ver lo que pasó cuando hicieron “Lovers” rodeado de pongamos 3000 no es lo mismo, y tal vez por eso (puro egoísmo de die-hard fan, no se equivoquen) que se quede así. Que sea un secreto a voces para cualquiera que ame la música, y busque en ella puertas de salida, y algo mas que lo que se ve a simple vista. Con esto en mente, cuando salen al rebufo de la notoria “Hidden Lovers” es imposible apartar la vista del escenario, por que además esta vez nos regalan crema en la forma de Dani Moreno y Guillermo Molina acompañándoles en la base rítmica, que trabajazo hicieron los dos lo que hace pensar en cual será su implicación en el nuevo material, y en el apunte de unos coros mimados y etéreos que impulsaron las canciones al infinito. Pero si hacemos balance el premio gordo es para la guitarra de Carlos Del Amo que simplemente estuvo impresionante.
Es una delicia mirar como Lua Rios nos rodea con su voz y hace que todo suene elegante, “Wanna Make U Mine” fue exquisita, y sofisticado apuntalando pequeñas píldoras de electrónica puntual, llenas de clase. La luminosidad que nos entró a raudales en muchos momentos, “North Of Something” “La luz” ese inicio casi épico de “We Already Exist”, no fue óbice para que estrenaran un pepino como “In Your Desire” que bebe de muchas partes mas oscuras y densas. Los fantasmas que convocan, un servidor no dejaba de pensar en Portishead, Mazzy Star y St. Vincent pero no me hagan caso por que no se si es eso en realidad, son todos buenos, y planean por un setlist tan corto como brillante –he escrito de esto hasta la saciedad en esta casa y en otras cabeceras y sigo pensando lo mismo: ojala fueran todos así- parando en todo su cancionero repleto de Soft/Dream Pop y Art hasta ahora.
Fue hermoso verles vindicar a Tim Buckley ya los cuatro, la habían hecho en su anterior visita pero el añadido de la batería la hizo subir a otro nivel, con la vista puesta en Ivo Watts-Russell y su This Mortal Coil, pero también trágico pensar que esa “Song to The Siren” probablemente pasó desapercibida en una noche en la que la dolorosa belleza de las canciones fue la tónica general. La parte final que iniciaron con una canción tan sentida y emocionante como “Back To My Soul” llena de unos coros leves marca de la casa preludió uno de los momentos mas sobresalientes cuando hicieron “Lovers” y el entramado final explicó por que pueden abrir para Mudhoney sin despeinarse sonando ese trozo a una parte de Seattle en 1996. Cuando “Weightless Arrows” echa el cierre cuento con los dedos de una mano las veces que se puede ver algo así en digamos un par de meses de conciertos constantes. Ahí lo tienen.
Es de recibo dejar apuntado ya en la columna del debe, que se hace obligada una visita en salas a la ciudad. Una en la que las condiciones estratosféricas de estos bolos más allá del obligado poso económico -el lleno asegurado, la calidez de la gente, el sitio casi irreal etc.- sea una cuestión a pelear a cara de perro. Y entonces, ya lo verán, podremos presumir de estar viendo de nuevo a uno de los grandes baluartes de una escena que no abunda por desgracia. Esa en la que juegan gente tan especial y maravillosa como Rufus T Firefly y que no hace mas que darnos alegrías por ser contemporáneos de algo así.
Grandes, que duda puede caber.






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