Voy dando pasos cortos y firmes (miren ustedes, la cruda realidad es que soy demasiado viejo para intentar otra cosa) por el medio de la calle, mientras devoro por enésima vez la discografía de Viva Belgrado. Hoy por pura inercia he vuelto a recurrir a los de Córdoba, pero he decidido prescindir de “Ulises” y centrarme en “Flores , Carne”. Ha pasado una semana desde el advenimiento (lo siento de verdad, pero es que no se me ocurre otra manera de llamarlo) del pasado sábado y aún estoy en una nube.

Ah, pero no se preocupen, pierdan cuidado por que no.

No.

No cometeré la torpeza, ni ya de paso la estupidez suicida, de hacer una crónica de mi propia criatura. Pero si les diré que vuelvo a rememorar muchas escenas de Tres Acordes Fest por, casi, imposición musical, por que mis oídos, y para que negarlo mi alma, sangran mientras quemo esas canciones. Dos frases en concreto de “De Carne y Flor”, el segundo tema del álbum, me provocan un coma orgiástico: “El dolor me sienta bien” y “Es el precio a pagar por estas canciones”.

El precio a pagar.

Bueno, podría hablarles largo y tendido de eso (y no. No me refiero al tema económico por supuesto) pero casi que lo dejo.

El otro día alguien me preguntaba como sobrellevar la presión. Buena pregunta en estos tiempos tan extraños.

Echemos un vistazo a como intentarlo.

No sabría decirles cuando me metí en John Oliver. Su programa Last Week Tonight me parece simplemente de la mejor TV que se está haciendo en el mundo. El tipo es un comediante británico que trabaja en U.S.A. para la HBO actualmente. Recuerdo verle con Jon Stewart pero no rayaba al nivel actual ni por el forro, supongo que por que la estrella era otro (y menudo otro). El show se ha convertido en uno de los termómetros de la actualidad más irónico, brutal y recomendable que uno puede ver ahora. Fundar una iglesia, una clínica, las cebras bolivianas, el vaquero viejo del catéter, o los cameos de grandes como Stephen Colbert son solo la punta de lanza. Lo realmente grande son los guiones explosivos que no dejan títere con cabeza, bien sea la administración Trump, las grandes corporaciones o el futbol (busquen en la red su pelea épica con la FIFA, y ya me dirán), la puesta en escena con el tío sentado sin moverse casi y muchas cosas más. Y claro las risas con lo de Russel Crown.

Anda la canalla especializada, ejem me refiero a la critica, abducida/encantada (¿…?) con la salida de “Nos Vemos en el Baño” (Meet Me In The Bathroom) el libro (de idéntico titulo a la canción de The Strokes) de Lizzy Goodman.No seré yo quien discuta nada de un libro que devoré en un par de días intensos, impecable por otra parte, lleno de historia, vivencias y recuerdos a unos años y una escena (la de New York entre los años 2001 al 2011) que a un servidor no le marco tanto como la de años anteriores. Y no lo hizo por que, en mi opinión, era bastante mas endeble e incluso, glupss, un poco ñoña si me permiten. Lo de comparar el tocho/mamotreto (setecientas paginas del vellón oigan) con “Por Favor Mátame” es directamente de juzgado de guardia por que el grimorio de McNeil y McCain es, simplemente, uno de los mejores libros de la historia de la música. Y este, más allá de que coincida con el en ser un libro de historia oral ( con entrevistas y palabras de los protagonistas), no juega en la misma liga amigos. Así que por favor seamos serios.

Y de discos que hacemos, estarán ustedes diciendo.

Con razón. De Chuch Of the Cosmic Skull y su impagable “Science Fiction”, a TheInterrupters y “Fight the Good Fight”. Del miedo que da el empezar de “Colossus” del nuevo álbum de Idles, a la vuelta de Bleeding Through. Y de Wolf Alice a Pale Waves

Y asi hasta el infinito. Entenderán mi ausencia de esta casa estas semanas.

Teníamos que hacer unos líos tremendos.

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