La cata mensual organizada por Añada volvió a reunir este mes a profesionales, aficionados y amantes del vino en una nueva sesión centrada en el análisis sensorial, técnico y cultural de tres referencias procedentes de distintas zonas vitivinícolas de España. Bajo la dirección de Juan Manuel Hernández, la jornada se desarrolló como un espacio de aprendizaje, intercambio de experiencias y puesta en valor del trabajo de bodegas y viticultores.
Esta iniciativa, ya consolidada en el calendario enológico, busca acercar al público no solo el producto final, sino también todo el proceso que hay detrás de cada botella: el origen de la uva, el trabajo en el viñedo, la elaboración, la crianza y la evolución en botella. De este modo, cada sesión se convierte en una experiencia completa, donde el vino se entiende como una expresión del territorio y del tiempo.
En esta ocasión, la cata se centró en tres vinos representativos de Ribera del Duero, Extremadura y la Denominación de Origen Toro, tres zonas con personalidad propia y una larga tradición vitivinícola.
Análisis técnico y sensorial en tres fases
La sesión se estructuró siguiendo el método clásico de análisis enológico, dividido en tres fases: visual, olfativa y gustativa. A través de este procedimiento, los participantes pudieron valorar parámetros como la capa, el color, la limpidez, la intensidad aromática, la estructura, la persistencia y el equilibrio en boca.
Este enfoque permitió no solo emitir una valoración final, sino también comprender cómo influyen factores como la variedad de uva, el tipo de suelo, el clima o la crianza en barrica en el resultado final.
Además, se fomentó la participación activa, promoviendo el intercambio de impresiones y sensaciones entre los asistentes, enriqueciendo así la experiencia colectiva.
Celeste: la elegancia de Ribera del Duero
El primer vino analizado fue Celeste, perteneciente a la Denominación de Origen Ribera del Duero y elaborado con uva Tempranillo. Este vino cuenta con una crianza de 12 meses en barricas de roble francés y americano, además de un periodo de afinado en botella.
En fase visual mostró una capa media y un atractivo color rojo picota, con ribetes violáceos que evidencian su juventud y vitalidad. Su aspecto limpio y brillante fue una de las primeras cualidades destacadas.
En nariz, el vino ofreció una notable complejidad aromática, con presencia de frutos rojos y negros como cereza, ciruela y mora, acompañados de notas de vainilla, especias dulces y madera bien integrada, fruto de su paso por barrica.
En boca se presentó suave y sedoso, con taninos integrados y una acidez equilibrada que aporta frescura. Su paso fue amplio y elegante, con un final persistente que dejó recuerdos de fruta madura y notas especiadas. Este vino obtuvo una valoración final de 91 puntos.
56 Barricas: equilibrio y personalidad desde Extremadura
El segundo protagonista de la jornada fue 56 Barricas, procedente de Extremadura, elaborado íntegramente con uva Tempranillo y sometido a una crianza de 14 meses en barricas de roble francés y americano.
Visualmente destacó por su color cereza intenso y vivo, con capa media y una excelente limpidez. Su aspecto cristalino reflejó un cuidado proceso de elaboración.
En fase olfativa aparecieron aromas balsámicos y herbáceos, con notas de romero, monte bajo y frutas maduras, creando un perfil aromático fresco y expresivo.
En boca se mostró redondo, equilibrado y elegante, con taninos suaves y bien pulidos. Su textura resultó agradable, con un paso amplio y un final largo en el que reaparecieron recuerdos de fruta y ligeros matices de chocolate. La puntuación final alcanzada fue de 92 puntos.
Piedra: carácter y potencia desde la D.O. Toro
La cata concluyó con Piedra, un vino de la Denominación de Origen Toro elaborado con un 80% de Tinta de Toro y un 20% de Garnacha, procedente de cepas viejas situadas en el Valle de Guareña. Su crianza se realiza durante 12 meses en barricas de roble francés y americano.
En fase visual destacó por su intenso color cereza con reflejos granates, mostrando una elevada concentración y brillantez.
En nariz se presentó complejo y profundo, con aromas a frutos rojos maduros, tostados, especias, regaliz, pimienta negra y sutiles notas minerales, resultado del envejecimiento y de la calidad de la materia prima.
En boca se reveló como un vino sabroso, estructurado y untuoso, con taninos nobles y una excelente integración de la madera. Su final largo y persistente dejó recuerdos de fruta madura, especias y tostados, consolidándolo como uno de los vinos más completos de la sesión. Alcanzó una valoración de 92 puntos.
Maridajes y recomendaciones gastronómicas
Durante la cata también se abordaron propuestas de maridaje, destacando especialmente las carnes rojas, los estofados, los asados y los quesos curados como acompañamientos ideales para los vinos presentados.
Estos maridajes buscan potenciar las cualidades organolépticas de cada referencia, creando una experiencia gastronómica equilibrada y armoniosa.
Un espacio para la divulgación y el aprendizaje
Más allá de la degustación, la cata mensual de Añada se consolida como una herramienta de divulgación cultural y formativa. Estas sesiones permiten a los asistentes adquirir conocimientos técnicos, mejorar su capacidad de análisis y desarrollar un criterio propio a la hora de valorar un vino.
Asimismo, contribuyen a poner en valor el trabajo de las bodegas, el esfuerzo en el viñedo y la importancia de preservar las tradiciones vitivinícolas, adaptándolas a las nuevas demandas del mercado.
Con este tipo de iniciativas, Añada refuerza su compromiso con la promoción del vino como patrimonio cultural, producto de calidad y elemento clave de la gastronomía española. Cada edición se convierte así en una oportunidad para seguir aprendiendo, descubriendo nuevos matices y profundizando en una de las expresiones más representativas de nuestro territorio.






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