El corazón de Salamanca volvió a latir al ritmo del vino este 18 de febrero de 2026 en el céntrico Restaurante Hispania, escenario de una cata que puso en valor la singularidad y la fuerza de los vinos de Las Arribes. La sesión, organizada por la Asociación Cata Añada de Salamanca y dirigida técnicamente por Arturo de la Torre de la Hoz, se convirtió en un viaje profundo por uno de los territorios vitivinícolas más auténticos y menos masificados de España.
Las Arribes: carácter, paisaje y singularidad
Hablar de los vinos de Las Arribes es hablar de frontera, de bancales imposibles y de cepas viejas que se aferran a suelos pobres pero extraordinariamente expresivos. Situada entre el oeste de Salamanca y Zamora, esta zona se define por un clima de marcada influencia continental con matices atlánticos, y por un viñedo plantado en terrazas que desafía la orografía.
Los suelos, de pH ácido y baja materia orgánica, son poco profundos y de textura arenosa, con abundante presencia de granito, pizarra y cuarzo. Esta composición no solo condiciona el vigor de la planta, sino que actúa como regulador térmico natural, favoreciendo una maduración equilibrada. Con más de 2.800 horas de sol al año y una edad media del viñedo cercana a los 75 años —con cepas que alcanzan entre 70 y 100 años—, el rendimiento por planta ronda apenas los 2,5 kilos. El resultado: concentración, identidad y mineralidad marcada.
En este contexto nacen vinos de marcada personalidad, elaborados a partir de variedades autóctonas poco frecuentes en el resto del país. Entre las tintas destacan Bruñal, Juan García, Rufete y Tempranillo, junto a mencía, syrah o garnacha. En blancas, Malvasía Castellana, Albillo y Verdejo conviven con otras castas minoritarias como Bastardillo, Mandón o Puesta en Cruz.
La cata: precisión, estructura y reivindicación
La cita impulsada por la Asociación Cata Añada de Salamanca no fue una simple degustación, sino un ejercicio de análisis, pedagogía y reivindicación del territorio. Tres vinos concentraron la atención y marcaron el nivel de la jornada, confirmando el momento de madurez que atraviesa la zona.
Abadengo Malvasía 2024 — 92 puntos
El blanco de la noche confirmó que Las Arribes no es solo tierra de tintos. Elaborado con malvasía y con cinco meses de crianza en barrica de roble francés, presentó un color amarillo pálido pajizo, limpio y brillante.
En nariz desplegó una paleta aromática fresca y compleja: notas cítricas, fruta de hueso como la pera, matices especiados y delicadas flores de azahar. En boca mostró un paso fácil pero estructurado, donde la fruta fresca se mantiene viva, con equilibrio y persistencia. Un blanco que conjuga frescura y profundidad, merecedor de los 92 puntos otorgados.
Quinta Las Velas Bruñal 2022 — 91 puntos
El carácter indómito de la variedad bruñal quedó patente en esta añada con doce meses de crianza en roble francés. De color cereza con ribete violáceo y capa media-alta, ya anticipaba concentración.
La nariz ofreció fruta negra, moras y flores, acompañadas de recuerdos herbáceos y de monte bajo. La mineralidad —pizarra y un punto especiado— subrayó su origen. En boca destacó por su buena acidez, cuerpo definido y un retrogusto largo y ajustado. Un vino con identidad, verticalidad y tensión, que alcanzó los 91 puntos.
Bruneo Juan García 2021 — 92 puntos
Con nueve meses de crianza en roble francés, este tinto elaborado con la variedad Juan García evidenció el potencial de una uva históricamente ligada al territorio. Color cereza con ribete violáceo, brillante y atractivo.
En nariz aparecieron fruta madura, pan tostado, vainilla y ligeros recuerdos de regaliz. En boca mostró taninos afilados, acidez viva y una entrada potente pero elegante. La fruta roja madura se integró con notas de madera y un trasfondo mineral que prolongó el final. Un vino fresco, estructurado y con carácter, que igualó la máxima puntuación de la jornada con 92 puntos.
Patrimonio líquido y compromiso cultural
La velada demostró, una vez más, el papel activo de la Asociación Cata Añada de Salamanca en la divulgación y defensa de la cultura vitivinícola. Más allá de la puntuación, la jornada sirvió para contextualizar el trabajo de viticultores que mantienen una viticultura casi heroica en bancales y laderas montañosas, muchas veces con labores manuales y producciones limitadas.
En una época donde el mercado tiende a homogeneizar perfiles, los vinos de Las Arribes reivindican identidad: acideces marcadas, mineralidad evidente, fruta sincera y crianzas que acompañan sin enmascarar.
El Restaurante Hispania se convirtió así en escaparate de un territorio que exige ser escuchado. Y lo hizo con contundencia: dos vinos por encima de los 92 puntos y otro rozando la excelencia confirman que Las Arribes atraviesa un momento de reconocimiento y consolidación.
La conclusión fue inequívoca: el futuro del vino también está en quienes preservan el pasado. Y en Las Arribes, ese pasado sigue latiendo en cada cepa vieja, en cada terraza y en cada copa.






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