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Leiva desata su ‘Gigante’ en Valladolid ante más de 10.000 personas: un sonido impecable y un público que le pertenece

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Anoche, la Hípica de Valladolid volvió a vibrar con uno de esos conciertos que te reconcilian con la música en directo. Leiva aterrizó con su nueva gira ‘Gigante’ y no defraudó. Más de 10.000 personas coreaban sus canciones en un ambiente festivo, de esos que te cargan de energía para toda la semana.

Desde el primer tema se notaba que la noche iba a ser especial. El sonido, de diez. Cada instrumento se escuchaba con una claridad impecable y la voz de Leiva sonaba más cruda, rota y cercana que nunca. Se le veía cómodo, feliz, disfrutando de su gente, de esa legión de fans que le acompaña desde hace años y que anoche no dejaron de cantar ni un solo verso.

Y es que si algo ha demostrado Leiva en su carrera es su capacidad para evolucionar sin perder su esencia. Muchos le conocieron como la mitad de Pereza, ese dúo que marcó a toda una generación con himnos como ‘Estrella Polar’ o ‘Princesas’. Pero cuando decidió volar solo, demostró que su talento era aún más grande de lo que imaginábamos. ‘Diciembre’, ‘Terriblemente cruel’, ‘La llamada’ o ‘Lady Madrid’ forman ya parte de la banda sonora de nuestras vidas, y anoche, cada una de ellas fue coreada con la fuerza de quien canta algo que le pertenece.

Ahora, con su nueva gira ‘Gigante’, Leiva confirma lo que siempre ha sido: un artista honesto, de los que no necesitan fuegos artificiales para llenar un escenario. Solo su voz rota, sus guitarras y esas letras que hablan de lo que todos sentimos, aunque a veces no sepamos expresarlo. Porque si algo tiene Leiva es esa capacidad de poner palabras a emociones que creíamos incompartibles.

Mientras tanto, en Zaratán, El Milanito Festival también ponía ritmo a un fin de semana que demuestra que la música es vida, y que Valladolid, en verano, late al compás de los acordes que llenan sus noches de magia.

Salir de un concierto como el de anoche es salir con una sonrisa. Y con la sensación de que, a pesar de todo, siempre nos quedará la música. Y siempre nos quedará Leiva, para recordarnos que, aunque el mundo se caiga, aún queda poesía en la forma en la que un hombre con sombrero y guitarra es capaz de parar el tiempo.

Andrés Grande
Fundador de Visto de Otro Lado. Apasionado por contar buenas historias desde los 14 años, combinando periodismo, comunicación digital y diseño para conectar con la cultura, la ciencia y la tecnología.

1 Comentario

  1. Musicalmente, Leiva no defraudó: energía, voz, repertorio y conexión con el público, todo de diez. Pero la experiencia global quedó muy empañada por una organización patética.

    Había muchísima gente, claramente más de la que se podía gestionar con comodidad. Para colmo, instalaron un andamio en mitad del recinto que bloqueaba totalmente la visibilidad desde muchas zonas.

    Las colas para conseguir bebida eran interminables, y lo mismo para acceder a los autobuses al finalizar, algo que no ayudaba en absoluto teniendo en cuenta que encima cobraban 1,40 € por persona para el transporte.

    Una pena que un concierto tan bueno y potente se vea perjudicado por una logística tan deficiente.

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