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Victoria Mesonero

Manos arriba, esto es un escándalo.

Hoy en día nos creemos dignos de evitar que la información entre sin filtros. Por nuestro bien y el de nuestros hijos. Señores, Internet tiene las puertas abiertas. Nos empeñamos en no decir palabrotas porque los niños las escuchan, a enseñarles buenos modales, atados a la vara de la más estricta educación. El caos existe y reina al poner un pie en la calle, cual plaga de piojos.  No se equivoquen, yo soy más que partidaria de taparle los ojos a un niño cuando aparecen imágenes explícitas, pero también cuando vienen edulcoradas en exceso.

Miro al cielo sin estrellas de Plath,  a su globo inflado de ideas de color de rosa que estalla con cada bala del último hit de Childish Gambino, This is America, con más de 190 millones de visitas. El vídeo, que empieza con una visión musical al más puro estilo pastoral con ecos de espiritual negro, gira 180 grados a punta de pistola para mostrar la realidad de cualquier punto del mundo, desde la perspectiva del margen, de “los otros”.

Yo no estoy aquí para juzgar a nadie, salvo al escándalo. 

Nos asusta que algo así sea de dominio público (cualquiera es mayor de edad en Youtube). A mí me asusta más asomar la cabeza por la ventana. Echemos la vista unos años (no muchos) a la poesía poscolonial en la literatura inglesa. Mencionaré unos pocos, ya  que provoca tiritona la gran cantidad de testimonios grabados en poesía que existen (así como Gambino lo hizo en rap).  Benjamin Zephaniah bien podría ser la fuente de inspiración del rapero con su poema The death of Joy Gardner. Una jamaicana muere a causa de la brutalidad policial en Londres, estando su hijo presente mientras veía la televisión. La ironía es real: la caja tonta nos contamina con un mundo feliz, la tierra prometida, el futuro utópico, mientras la vida (injusta) transcurre a unos metros. Terrible world  (del mismo autor), parodiando a Louis Armstrong, aviva el tema con toques de pobreza, abusos, drogas y , a fin de cuentas, muerte. No es el único, al que se unen testimonios como el de Binta Breeze en Earth Cries o John Agard con The Ballad of the Throwaway PeopleMama Dot. Y si entramos en novela, pues por qué no mencionar a Buchi Emecheta.

Podría seguir pero creo que ya me entienden por donde quiero ir. Esto esto no es nuevo, no estoy acusando a América, ni me centro en la gente de color exclusivamente. Por ello no voy a hablar de White Comedy o de Skin Teeth. Deberíamos, seres humanos, hacer una revisión de valores. Un examen de conciencia y una purga de lo que se empeñan en vendernos. Lean, hablen, discutan, protesten. No sé de qué se sorprenden: de repente hay 190 millones de visitas en un vídeo corto y de bajo coste. El jaleo virtual viene quizá por lo explícito de sus imágenes y de su mensaje (ya no se hacen tantos poemas en su sentido estricto, ahora se hace rap). Parece que la música como arte, a veces, sigue teniendo un propósito.

No digo que le den a sus hijos un atracón de pesimismo y de violencia. Tampoco quiero proclamar a Gambino como el poseedor de la verdad absoluta (menos puedo tenerla yo). NO. Les invito a que dejen que sus hijos disfruten de la inocencia (tan breve pero tan pura). Hasta que llegue el momento adecuado, deberían darles un libro para que así conozcan el pasado y después entender el presente. Solo así, no caerán en el fanatismo que puede provocar un vídeo viral. La importancia de ir más allá de la punta del iceberg, como saben. Todo a golpe de click. Y lo que te cuentan en los libros (como lo de la tele) te lo puedes creer, o no. Ya cuando la cáscara de nuez sea lo suficientemente gruesa, que salgan al mundo y vean, comparen, se sorprendan/asusten de verdad.

Yo doy gracias a la filología por haberme enseñado tanto de los que permanecieron en silencio. Y si de algo sirven las carreras, que sea para aplicar lo aprendido.  Me puedes creer, o no.

Victoria Mesonero
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Llevo una doble identidad: wonder profe y traductora de día, músico y chica Bond por la noche. Invocadora de tormentas y señora de Robert Downey Jr. Adicta al menta-choc, tanto que quisieron llevarme a rehab y yo dije: no, no, no.

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