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Maref: un concierto y una charla

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No hace falta ser muy listo ni un profesional de esto para ver que la escena musical necesita mas que nunca que nos volquemos en apoyar a todos los artistas y grupos que viene pidiendo paso. Las razones para ello son tan obvias que no hará falta desgranarlas. Y si alguien pone objeciones para ello –cosas tan discutibles como la experiencia, la falta de canciones (¿) la comodidad de poner siempre lo mismo o lo que sea- convendría emplazarle a que, simplemente, vaya a ver conciertos para pulsar lo que se está haciendo en cualquier capa, de la Urbana al Metal el Punk o al Indie por citar algunas, de la incipiente y maravillosa escena emergente. Viene todo esto a cuento, claro, del paso de Maref (el proyecto de Raquel Martinfer que da un nuevo sonido a su carrera anterior) por la Casa Lis en su imperdible ciclo de verano. Solo por poder ver el momento en el que dio paso en el escenario a la impresionante traslación de “Animal Raro”, que formará parte del nuevo material que sacará, ya mereció la pena. Pero es que hubo muchos mas desde que arrancó, a un servidor no sabría decirles a santo de que le dio por pensar en la P.J.Harvey de los inicios, con tres temas de su primer lanzamiento “Mantras”, “Perdón” y la que titulaba aquel disco “Antes de Caer” que nos centró en su sonido lleno de atmosferas minimalistas y densas, con unas letras que abrazan la reflexión muy bien estructuradas a su voz en perfecto estado. El seminal “Petricor” cantada a pachas con Anibal, teclista y electrónica, puso sobre la mesa la banda enorme que lleva con ella y que hará bien en conservar todo lo que pueda. La batería de Masa, y sus apoyos puntuales en las voces, y el inmenso trabajo de Alicia Jiménez en la guitarra bajo y coros, se antojan imprescindibles –que grande fue verles hacer la nueva “Bajo el Hielo” o “La Culpa”- para entender el devenir de las canciones en el escenario. Revisó con clase el “Eleanor Rigby” (esa canción siempre he sostenido que es para los Beatles lo que “in Memory of Elizabeth Reed” para Allman Brothers así que imaginen de que estamos hablando) y se pulió un pase fulgurante y rápido que en la ultima parte atesoró momentos muy brillantes en la forma de “No se si Quiero o un “Pude Verte” que cerró de forma magistral una noche, a eso iba antes, que debería ser habitualmente imperdible. Charlamos con ella con la resaca aun de ese pase que ojala repita pronto en salas de la ciudad… 

P: Hace unos días cuando salía “Animal Raro” alguien en una crónica hablaba de que la canción era un “manifiesto personal camuflado de hit”. Después de oírla no puedo estar más de acuerdo. Ese sonido tan etéreo cuando arranca y hablas de anhelos y ese coro que se repite mientras el tema se desata poco a poco y enuncias un cambio de piel (que importante es esa frase, a mi entender, en la letra) que parece trascender al tiempo que dura. Cualquiera que haya seguido tu carrera sabe el cuidado y el mimo que transmites a tus canciones y esta no es menos… 

El “cambio de piel” es la clave del significado de esta canción. No solo abre el camino hacia una nueva etapa de mi proyecto musical, más crudo, más profundo y quizá algo más oscuro, sino también hacia una nueva forma de estar en mí misma. Es una apertura a intentar no ponerme tantas trabas, dejar salir lo que me mueve por dentro sin imponerme límites que muchas veces son inconscientes. 

Creo que toda esa perspectiva hace que “Animal Raro” funcione casi como un manifiesto personal, aunque nunca lo pensé de forma tan literal. Es más bien un recordatorio, para mí misma, de que no debo esconderme. Que incluso las partes que más me cuesta mostrar también merecen espacio. Por eso la canción arranca desde un punto más contenido, y poco a poco se va desatando. Porque así se siente por dentro: como una liberación que necesito gritar. 

P: Ese tema es el preludio del nuevo disco que además complementa a la más seria y oscura “Salir”. Me ha gustado mucho el hacer de Guille Golden en la mezcla esta vez, que en mi opinión le ha dado un punto muy top más allá del trabajo de Nico en la producción… 

Me encanta que hayas percibido ese contraste, porque “Salir” y “Animal Raro” representan dos caras de un mismo momento vital. “Salir” es más oscura y densa emocionalmente, porque habla de romper con algo, de dejar atrás una etapa. En cambio, “Animal Raro” es lo que viene después: el resurgir. El orden en el que se escuchará el disco es importante y aunque no van seguidas, ese diálogo entre ambas está muy presente.

Elegí “Salir” como primer single porque funcionaba como una especie de introducción hacia este nuevo universo. Es la transición entre mi primer trabajo y lo que está por venir, y ya anticipaba las nuevas sonoridades que iban a acompañar este disco. 

Con Nico tengo una conexión muy intuitiva. Hemos creado todas las canciones mano a mano, cuidando cada detalle desde la producción para que todo tuviera coherencia tanto a nivel sonoro como narrativo. Ha sido un proceso muy compartido en el que confiamos mucho el uno en el otro. 

Y sobre la mezcla, estoy totalmente de acuerdo contigo. Ya había trabajado con Guille Golden en Antes de caer, así que conoce muy bien el tipo de sonido que busco. En este EP, además de mezclar, grabamos las voces juntos en El Santuario, y creo que eso se nota en cómo ha conseguido que respiren. Tiene una sensibilidad muy especial para equilibrar emoción e impacto. Las canciones están llenas de capas y texturas y la mezcla tenía un papel fundamental para que todo conviviera sin perder fuerza. Nico y yo teníamos en mente un sonido muy concreto, y Guille lo entendió desde el primer momento, aportando justo lo que necesitábamos para que todo encajara. Creo que este disco es un ejemplo muy claro de lo que sucede cuando te rodeas de personas en las que confías plenamente. 

P: El equipo del que te has rodeado me parece muy interesante también de nuevo. La dirección creativa de Raro Colllective o la portada de Pablo Roca. Pero ya lo has hecho en el pasado con Gio Bravar o la inmensa Vika Alvarez cuidando mucho toda la parte gráfica y visual que rodea a tus lanzamientos… 

Para mí, el universo visual de cada lanzamiento tiene un peso muy importante; es una extensión más del proceso creativo de mis canciones. Me gusta que todo tenga coherencia y que cada elemento sume al relato del proyecto, también desde lo simbólico y lo estético. Además, como diseñadora gráfica, me implico de forma muy activa en toda la parte audiovisual: es una parte que disfruto mucho y que siento muy mía. 

En este nuevo EP me he rodeado de un equipo al que admiro profundamente y que ha sabido captar muy bien la evolución que estoy viviendo como artista. El trabajo con Raro Collective y Luis Supertramp está siendo clave: han conseguido traducir en imágenes lo que yo solo podía explicar desde la emoción. Juntos hemos dado forma a una estética muy potente y cuidada. 

También valoro mucho a las personas con las que he trabajado en otras etapas del proyecto. Gio Bravar o Vika Álvarez aportaron en su momento una mirada con muchísima personalidad y sensibilidad, y siento que todo lo que hicimos juntas sigue siendo parte de la identidad visual de MAREF. Me siento muy afortunada de haberme rodeado siempre de gente con tanta sensibilidad artística. 

P: Hablabas hace unos meses en una entrevista a Josechu Egido para Histéricas Grabaciones de ”Mantenerse fiel a uno mismo y hablar desde la

verdad y la honestidad”. Me llamó la atención por que debería ser norma traída ya aprendida desde casa para todo el mundo de la escena pero, sin querer pecar de pesimista, la triste realidad es que no parece que lo sea. Escribir con esas miras y con ese cordón umbilical que conecta tus canciones contigo, me parece un must para acercarse a ellas… 

Creo que muchas veces el ruido de fuera, las expectativas, los números, las comparaciones y la propia industria hace que sea fácil desconectarse de esa verdad. Para mí, mantenerme fiel a lo que siento sigue siendo lo único que me sostiene. La verdad es que no sé hacerlo desde otro lugar, siempre escribo de forma muy visceral sobre cosas que me pasan, que me atraviesan o que transito de alguna manera. 

No busco escribir desde un lugar perfecto o calculado, sino desde la vulnerabilidad y la duda. Y cuando alguien se acerca a una canción y conecta con eso, es cuando todo cobra sentido. 

P: La banda que te acompaña, Alicia Jiménez, Masa y el imprescindible Anibal, le confiere una pátina muy especial a las canciones al llevarlas a las tablas. Te vi en los videos del Conexión (el festival Conexión Valladolid de hace unas semanas) y lo que posteaste de “ir a bailar Animal”, fue muy atinado. Se tornan mucho más festivos los temas y llegan abajo rápidamente… 

Los directos son lo que más disfruto de todo el proyecto. Creo que se genera un momento muy especial de conexión con el público, algo que no se puede reproducir en ningún otro formato. La banda le da a las canciones un carácter y una fuerza muy especiales. Siempre digo que lo que se vive en los conciertos es muy diferente a las versiones producidas: tienen más garra, más energía, y se despiertan emociones distintas. 

Además de ser músicos increíbles, aportan una energía brutal sobre el escenario, y eso transforma las canciones. Es como si se abrieran nuevas capas que en el estudio están más contenidas. Con este nuevo repertorio queríamos que el show tuviera también algo más físico, más bailable, sin perder la emoción y la intensidad. 

Me emociona ver como “Animal Raro” puede acabar convirtiéndose en un grito colectivo, en una especie de ritual compartido. Desde luego, son conciertos para dejarse llevar, pero también para parar y conectar. 

P: Los nombres que flotan cuando escuchas tus canciones retrotraen a lo que has contado que han sido tus influencias – The National, Nina Simone, Tash Sultana etc-. Ninguna en concreto en realidad, esto me gusta mucho, sino una amalgama que te ha servido para tu forma propia de hacer las canciones… 

Siempre me cuesta mucho responder a la pregunta: “¿Y tú qué tipo de música haces?”. Me gusta pensar que las influencias están ahí, flotando, sin imponerse. Escucho música muy diferente, vengo de una formación clásica con el violín, y al final todo eso se mezcla y se transforma en algo muy personal que, sinceramente,

no sé cómo definir. Tampoco lo sabe la gente de mi entorno cuando se lo pregunto, y creo que eso es algo bueno. 

Cuando escribo o produzco no suelo partir de referencias claras. Busco sonoridades, atmósferas o texturas que me muevan, y a partir de ahí intento moldearlas dentro del universo que estoy creando. Sé que no he inventado nada rompedor, pero también sé que lo que hago tiene una identidad difícil de encasillar, y eso para mí es valioso. Porque habla desde un lenguaje propio que no se define tanto por géneros sino por emociones. 

P: Llevas girando casi sin parar desde principios de mayo e imagino que se acrecentará con la salida del disco. Nada que objetar a los festivales faltaría más aunque sean bolos con la rapidez y concreción que implican los horarios de eventos tan gigantescos, o a noches especiales como la de Salamanca en un museo tan precioso, pero las salas se antojan el pan y la sal de la música en directo. Todos los formatos son imprescindibles y todos tienen partes buenas y malas evidentemente. Me resisto a no preguntarte por cual te inclinas o en cual estás más a gusto para poner los temas en el escenario, y si preparas los pases dependiendo, más allá del tiempo que tengas me refiero, de ello… 

Estamos muy felices de todos los lugares a los que hemos podido ir a tocar este año y me encanta poder hacerlo en formatos muy variados. Creo que cada contexto aporta algo distinto. Los festivales y ciclos de verano abren la ventana a un público nuevo, al que difícilmente llegarías a través del circuito de salas. 

En las salas o en espacios como la Casa Lis es donde se crea una conexión más íntima y profunda con el público, donde puedes respirar la atmósfera y jugar más con las dinámicas del show. Son espacios más flexibles para contar una historia completa y para exprimir cada canción al máximo. Sin embargo, para una banda pequeña es muy complicado girar por España en el circuito de salas, ya que movilizar a gente en ciudades donde aún no tienes una audiencia establecida es un gran reto. 

Disfruto mucho de todos estos formatos y me encanta vivir el contraste entre ellos. Al final, para mí, lo que más condiciona el disfrute de un concierto es poder escucharte bien, que no haya prisas, y la disposición del público para conectar ese día. 

P: Una curiosidad personal. Quisiera preguntarte por la escena musical de Valladolid que a mi modesto parecer es brillante con un montón de propuestas de todo tipo y llenas de talento… 

La escena musical de Valladolid es muy potente y diversa, con muchos grupos que tienen proyectos muy interesantes y diferentes. Por ejemplo, hay propuestas como De la Meseta o Dulzaro, más influenciadas por el folk; Rocío Torío, que está sacando

nuevo disco; y bandas como Los Levitants, Free City, Campo Grande o Destino Rubicón, entre muchas otras. Hay muchísima calidad y talento en la ciudad. 

Hay mucho apoyo mutuo entre músicos, lo que fortalece aún más la escena local. Sin embargo, también siento que es necesario un mayor apoyo institucional, tanto desde Castilla y León como desde Valladolid, para acompañar y potenciar todo este movimiento cultural que los grupos estamos creando y que aporta muchísimo valor al tejido cultural de la región.

Paco Jiménez
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