culturaPaco Jiménez

Maria Jose Llergo Noches del Fonseca, Salamanca

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Creía el que suscribe que, con la receta que se aplica desde hace tantos años que ya ni se acuerda —más de cien bolos y diez o doce festivales por temporada—, lo había visto casi todo. Pero no. Craso error.

Verán: apenas habíamos llegado a la cuarta canción cuando alguien del público protestó por el excesivo volumen (¿?) de lo que estaba aconteciendo sobre el escenario. Dejando a un lado lo patético y bochornoso de la situación —tal vez convendría quedarse en casa si eso molesta cuando uno va a un concierto—, hubiera sido una pena que el exabrupto hiciera olvidar la magia de lo que vimos.

Recuerdo encontrarme por primera vez a la de Pozoblanco hace unos años en el festival de nuestra casa, en aquella famosa colaboración con Juancho Marqués, y ya atrapaba su forma de cantar. Desde entonces, tres discos y un cancionero que, como mínimo, admite muchas lecturas. Basta con acercarse a El Juego (Sony Music, 2025), su último lanzamiento, para descubrir un paisaje sonoro muy personal y rico en matices. Y sería injusto que las constantes comparaciones con la emperadora —Rosalía, claro— nos impidieran verlo. Flamenco, sí, pero sobre todo en el feliz matrimonio con la electrónica y con un aprendizaje que se deja notar, además, en momentos de bachata o incluso de reguetón, faltó “Veneno” ya lo se, es cierto alargando además un poquito los temas en directo y llevándolos por senderos preciosos.

Claro que la teoría está muy bien, pero no funcionaría si la protagonista no esgrimiera, además, una voz estratosférica en perfecto estado de revista y no se hiciera acompañar por Mario Coloma (piano, teclados y sintes) y Carlos Sosa (percusión y samplers), un apoyo en directo sencillamente impecable.

Navegó por un setlist medido desde que arrancó con “Olvídame”, ante un patio llenísimo que estuvo a punto de colgar el cartel de “no hay billetes”; faltó muy poco. Fue alternando canciones de sus discos —la inmensa “Juramento” fue la primera en llegar de Ultrabelleza— con el aplomo de quien quiere, y debe, aspirar a jugar en las ligas mayores.

Los momentos de gran belleza se agolparon en un pase al que, a mi modesto entender, solo le sobró la excesiva duración de los speeches. Pero poder ver “Visión y Reflejo”, “La Luz” o esa dupla mortal formada por “Mala mía” —impresionante, amigos— y “Superpoder”, antes del paroxismo que llegó con la esperada “Rueda Rueda”, o antes la durísima historia personal que encierra “Agua Negra”, que ya valían de por si la noche.

Pero hubo más. El detalle maravilloso que tuvo con una persona invidente durante la revisión del celebérrimo “Mediterráneo”, la hizo abajo sumergida en la olla, fue de una categoría y una clase para no olvidar, y  el cierre, sellando la comparecencia con “Bien de Amores”, auténtica droga dura con una ejecucion perfecta, terminando de redondear un pase tremendo. Ni idea de que pasara en unos años, y de acuerdo que la escena esta como esta, pero aun contando con el extraño axioma que parece regirla  (“Aquí mandamos una caterva de tontos pero solo llega quien nosotros queramos”),por pura logica en  lo suyo solo deberia ir hacia arriba..

Grande. 

Qué duda puede caber.

Paco Jiménez
El Rock n Roll es más grande que la vida

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