Son las seis de la mañana y yo sin poder dormir. Ya me perdonarán ustedes por fusilar sin piedad la vieja tonada de Burning, pero es que es la verdad oigan. Llego azarado y con la adrenalina por las nubes de una noche (que en realidad cierra un fin de semana) brutal e inolvidable, que he invertido en un par de bolos tremebundos. La segunda incursión en los festivales de los mandamases del Bike Punk en la ciudad, el impresionante Bike Punk Fest II, se cerraba a lo grande dejándonos exhaustos que duda cabe, pero también felices de haber podido vivir algo así. Y entre medias viaje relámpago para no perderse la comparecencia, con banda atención a esto, de los maravillosos Los Chicos de la Lluvia. No les contaré aquí lo ocurrido en amabas citas, para eso les conmino a que lean los relatos que acogerán las cabeceras a las que me debo, pero si les hablaré con urgencia de mi vieja costumbre de mirar pelis viejas aprovechando mi insomnio perpetuo.

No recuerdo cuando comencé a revisar toneladas de cine en sesiones maratonianas nocturnas, ni como se me ocurrió, supongo que la falta de sueño agravado y elevado a la enésima potencia en los últimos años por TresAcordesFest, ayudó a que me decidiera a hacerlo.

Esta mañana vuelvo en mi vieja adicción a una de las más grandes de la historia, así que permítanme que les sumerja un momento en el increíble mundo de This is Spinal Tap.

Supongo que conocerán esta maravilla. Es un falso documental sobre una banda de heavy metal dirigida por Rob Reiner (el tio de La Princesa Prometida) con algunos de los momentos mas hilarantes y divertidos de la historia de la música filmada. El director se reserva el papel de Marty DiBergi que sigue a los protagonistas durante la gira americana de promoción de su disco “Smell the Glove”, y hace suyas algunas anécdotas reales, sin ninguna duda, de grupos o artistas mas que famosos. La lista de escenas para la historia que Nigel Tufnel, David St. Hubbins y Derek Smalls protagonizan son constantes en todo el film. Desde el ampli al once (imaginen la cosa: tiene un once en el volumen) hasta la firma de discos en la que no se presenta nadie. De los baterías que sufren combustión espontanea al héroe de la guitarra que no se levanta. Pero de todos mi momento favorito sin ninguna duda es el montaje para su álbum legendario “Stonehenge” con el dolmen minúsculo descendiendo del techo del escenario. Inolvidable. He llegado a tal punto con la película que, mea culpa, las carreras de los actores que la hacen (inmensos Christopher Guest, Michael McKean y Harry Shearer el hombre de Los Simpsons) me importan mas bien poco. Para mi siempre serán Tap. Punto.

Como epilogo les diré que a lo largo de los años he preguntado a un montón de artistas si han tenido alguna anécdota Spinal Tap en sus carreras. Las respuestas han variado de ¿cómo?, ¿Spinal que?, y si. Otro día se las cuento.

Pero un servidor si que la ha pasado. En una ocasión yo y mi fotógrafo yendo a no se que festi nos perdimos camino del sitio y dimos unas pocas, muchas glupsss para que negarlo, vueltas antes que unos amables samaritanos nos indicaron como llegar. Luego nos reímos si, pero menudo ridículo por que el sitio era minúsculo. Ay madre…

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