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Jorge Vicente

Mentes de metal

Existen unas leyes de la robótica basadas en el universo de Isaac Asimov. La primera, afirma que un robot no debe hacer daño a un ser humano ni permitir que este sufra daño. Todo esto fue escrito en 1942, bastante antes de conocer que un coche pudiera viajar sin conductor de la mano de la Inteligencia Artificial.

Esta inteligencia avanza a pasos agigantados. La gente no es consciente del poder que puede llegar a tener, o que de hecho, tienen. Setenta años después de aquellas leyes de Asimov, más de 700 especialistas en el campo de la robótica han firmado un manifiesto porque ellos también consideran el peligro de estas mentes de metal.

Pero, ¿qué es la inteligencia artficial?

Hablamos de facultades mentales, aquellas implantadas en máquinas para que puedan aprender, razonar e incluso tomar decisiones propias. Una conocida empresa de móviles está muy concienciada en el desarrollo de esta tecnología. Tanto que en sus últimos dispositivos incorpora un chip con una inteligencia equivalente al cerebro de una avispa.

La Inteligencia Artificial la ves a diario; es el algoritmo que hace que veas unas fotos en Instagram antes que otras, es ese sistema que es capaz de detectar las condiciones lumínicas de un momento para configurar los ajustes de la cámara de tu móvil.

El cerebro humano no puede ni podrá nunca ser más rápido que un procesador convencional a la hora de calcular, analizar, etc.. Pero es capaz de distinguir animales, cosa que un procesador convencional, no.

Aquí viene la importancia de la IA (Inteligencia Artificial),  intentar que nuestros dispositivos sean capaces de aprender del entorno o del uso que tú les des por sí mismos, que tomen sus propias decisiones o que sean eficientes.

Los dispositivos aprenderán de su dueño, pero solo durante un tiempo. Serán capaces de saber qué días trabajas y qué días no con tan solo acompañarte en tu rutina. Serán capaces de despertarte una hora antes ese día que tenías cita con el dentista sin que tú le hayas dicho nada. Sólo tendrá que haber analizado la conversación en la que pediste cita.

No hay por qué tenerle miedo, siempre y cuando se cumpla la segunda ley de nuestro amigo Asimov, que dice así;

“Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los humanos excepto si estas órdenes entrasen en conflicto con la primera ley”

El problema vendrá cuando deje de obedecer leyes y empiece a imponerlas.

 

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No tengo tiempo

Jorge Vicente
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No importa de dónde vengo ni a dónde voy, sino lo que hago y porqué. Amante incondicional de la tecnología, el arte, y, el invierno.

1 Comment

1 Comment

  1. Roberto González

    Roberto González

    9 mayo, 2018 at 12:06 am

    Es muy interesante el artículo y es un tema con mucha enjundia. Ciertamente, cada día vemos aspectos en los aparatos electrónicos de todo tipo de “comportamientos humanos” en las prestaciones de los mismos como que según la luz que absorbe la pantalla, automáticamente, cambia la fluctuación y/o baja la intensidad de luz para no gastar batería. Eso llamamos a los “smartphones”, teléfonos inteligentes. Y cada vez la tecnología va hacia nuevos derroteros para llegar a que tengamos en los aparatos tecnológicos, robots que sean réplicas humanas. Pero el ser humano, ¿quiere que las creaciones de I.A. sean igual que nosotros o esclavos para que trabajen para nosotros? Llegará un momento en el que habrá un conflicto entre Ciencia y Conciencia.

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