Crónicascultura

Myseria, Zöster | La Chica de Ayer, Salamanca

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Estoy mirando a Adi Alonso enfocar la mirada hacia arriba mientras golpea con eficacia demoledora su kit. Pasa por una especie de trance lisérgico que contagia afuera, mientras lleva gran parte del peso de la banda tremenda que es Zöster. Con un disco en el haber —el muy recomendable “Meconio”—, son un perfecto compendio de sonoridades crudas, garaje hard-rock punk y revoltijos psicodélicos varios (la pista era la camiseta de Mephistofeles, la banda de Paraná, que lucía su guitarrista Javi Delcanto, pero ya lo llevaban de fábrica cuando eran un trío). En directo, golpean donde duele. Habían abierto la noche con esa barbaridad de canción que es “Tú y Yo”, que Fran Ortiz (su vocalista y guitarra) conduce a ratos hacia el screamo. Fue muy interesante verle hacer esto en muchos pasajes de su tiempo arriba, apuntalado con precisión por el bajo de Diego Martínez.

 

Sumergidos en un setlist corto que debió serlo aún más —ese fue el único problema del pase a entender del que suscribe—, y apabullarnos hasta sacarnos de allí en ambulancia. Porque esto es lo más importante: demostraron que pueden. Lo que ofertan, honestidad a raudales y píldoras de alto octanaje (“Otra Vez”, “A Solas”, la tremenda “Condolencias”), lo complementan, además, con la pericia instrumental sobrada que lucen los cuatro en la distancia corta. Repasan casi todo el álbum; loor a las traslaciones de “Mentiras” y “Materia Gris”, sin bajar ni un instante la velocidad de crucero que imprimen desde que abren, y sin detenerse en cháchara ni ruidos que a estas alturas suenan tan vanos como vacíos en la mayoría de los bolos. El detalle de regalarnos —no hay otra palabra, porque hasta Layne Staley movería la cabeza al oírla— un magnífico “Man in the Box” y la jam aeroespacial con material de Fu Manchu es brillante, pero el lío gordo es poder ver las suyas, incluyendo material nuevo, que haríamos bien en no perder de vista.

 

Hay, a mi entender, hoy en día pocas cosas más revolucionarias en la escena musical —lo he escrito hasta la saciedad— como ver a un grupo o a un artista subirse a un escenario a defender sus canciones. Serán mejores o peores, gustos personales de cada cual aparte, pero son suyas; no el producto de un asalto a mano armada a cancioneros ajenos. Era, aunque suene casi increíble, el séptimo concierto, amigos. Myseria se subían al escenario de La Chica con solo siete conciertos encima para pelearlo a brazo partido. Lo hicieron durante toda la comparecencia por un disco —el seminal “Todas las Bestias”— que, una vez paladeado, admite cuando menos muchas lecturas. Son los de Santander un combo jovencísimo que apela sin inmutarse al último metal que encabezan B.M.T.H. (a los que tributaron con una apañada “Throne”), pero que también puede retrotraer a Black Veil Brides o a Polaris, si me apuran, por citar algunos.

 

El juego de las dos voces, la más melódica de Víctor Gimeno y la gutural del guitarra Mario Diaz, se alternan mientras desgranan, “Farum Azula” y “Serpientes” para abrir, todo, ojo a esto, el álbum. La base de demolición que forman Yonatan Simón en la batería e Iván Gómez al bajo pone aquello a hervir -el bloque de “Endorfinas” y “La Plata” es mundial- y Kiko Martin en la otra guitarra me fija con su buen hacer en “Miedo Y Fuego” o en “Umbral”. La droga dura del último acto fue imperdible desde que Diaz coje la acústica para trasportarnos por una inmensa “Todas las Bestias”, nos descolocan con una sibilina “Sombras” de Desakato que casi cantan en parsel, y echan el cierre con “Tu Nuevo Orden” y ese hitazo que debería ser “Fantasmas”. No es necesario extenderse aquí en lo necesario que es que bandas tan imponentes y jóvenes suban puestos en la tabla, y refresquen la escena (sin problemas en los grandes festivales, pero el lio gordo son las salas en las que se echa mucho de menos llenazos merecidos como el que nos ocupa) y estos, aunque aún falte mucho, a tenor de lo visto deberían opositar por pura lógica. 

 

Me desenchufo del sitio pensando en aquello de la película. Máquinas de matar y amar, sí. 

Que pena quien se pierda noches así.

 

 

Paco Jiménez
El Rock n Roll es más grande que la vida

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