Hay artistas cuya presencia en un festival no depende del tamaño del escenario que ocupan, sino de la capacidad para detener el ruido que los rodea. Nat Simons pertenece a esa categoría. La madrileña regresó este miércoles al Sonorama Ribera 2026 con un repertorio construido durante más de una década de carrera y una personalidad artística que ha logrado abrirse paso en un panorama musical donde las etiquetas cada vez resultan más insuficientes.
Su actuación en la primera jornada del festival, celebrada el 5 de agosto en Aranda de Duero, volvió a demostrar por qué su nombre se ha convertido en uno de los más respetados del rock de raíces en España. Sin recurrir a artificios, Simons sostuvo el concierto sobre una combinación de guitarras eléctricas, intensidad interpretativa y una voz que oscila con naturalidad entre la fragilidad y la contundencia. En un cartel dominado por grandes producciones y espectáculos multitudinarios, su propuesta reivindicó el valor de la canción y de la interpretación como principal argumento escénico.
La historia de Nat Simons es también la de una artista que ha construido su trayectoria al margen de las modas. Desde la publicación de Home on High en 2014 comenzó a perfilar un sonido profundamente influido por el rock americano, el folk y el country alternativo, una estética poco habitual dentro del circuito independiente español de aquella década. Mientras buena parte de la escena nacional dirigía la mirada hacia el pop electrónico o el indie más convencional, Simons apostó por una identidad musical inspirada en referentes como Tom Petty, Lucinda Williams, Patti Smith o Ryan Adams, pero filtrada desde una sensibilidad propia.
Aquel primer álbum sirvió como carta de presentación, aunque sería con Lights cuando empezó a consolidar una voz reconocible dentro del panorama nacional. El disco confirmó que detrás de aquellas influencias existía una compositora capaz de escribir canciones de gran carga emocional sin renunciar a la energía del rock clásico.
Su crecimiento artístico encontró una nueva dimensión con Felina (2021), probablemente el trabajo que terminó de situarla entre las compositoras más sólidas de su generación. El álbum, producido por el británico Colin Elliot, incorporó colaboraciones de figuras como Cherie Currie, exintegrante de The Runaways, y del guitarrista estadounidense Aaron Lee Tasjan, ampliando todavía más el horizonte internacional de una carrera que siempre ha mantenido un diálogo permanente con la tradición musical norteamericana.
Ese reconocimiento cristalizó poco después en Felina: Tributo, un proyecto singular en el que algunas de las voces más relevantes de la música española reinterpretaron las canciones del disco. Lo hicieron artistas como Amaral, Anni B Sweet, Loquillo, Rebeca Jiménez o Vega, en una iniciativa poco habitual que evidenciaba el respeto que Nat Simons despierta entre sus propios compañeros de profesión.

Pero reducir su carrera únicamente al estudio sería quedarse con una parte de la historia. Su verdadero territorio ha sido siempre el escenario. Durante los últimos años ha recorrido festivales y salas de toda España, además de realizar actuaciones internacionales y compartir cartel con artistas nacionales e internacionales, consolidando una reputación cimentada en la honestidad y la regularidad más que en el impacto inmediato.
Esa forma de entender la música encuentra un encaje natural en Sonorama Ribera, un festival que históricamente ha reservado espacio para propuestas capaces de trascender el éxito comercial inmediato. La presencia de Nat Simons en la edición de 2026 confirma esa voluntad de mantener un equilibrio entre los grandes nombres del cartel y aquellos artistas cuya relevancia se mide en la consistencia de una trayectoria.
En un tiempo dominado por la inmediatez de las plataformas digitales y los éxitos efímeros, Nat Simons representa una manera distinta de construir una carrera: paso a paso, disco a disco y concierto a concierto. Su actuación en Aranda de Duero fue una nueva estación de ese recorrido, el de una compositora que ha hecho del rock de raíces un lenguaje propio y que continúa demostrando que la autenticidad sigue teniendo un lugar privilegiado sobre los escenarios.







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