La vida está llena de incógnitas: no sabemos quién mató a Kennedy, por qué murió Marilyn Monroe ni el secreto de la Mona Lisa. No obstante, sabemos que son nombres que forman parte de nuestra Historia y, cuando preguntan, levantas el dedo diciendo «yo lo sé» o al menos crees que lo sabes.

Conocí a Paco Jiménez hace casi una década en la que yo cambiaba de dígito y él estrenaba trajes de James Bond. En un local de Salamanca regentado por amigos (un abrazo a la familia del Milú), los músicos locales nos juntábamos en escasos metros cuadrados como sardinas en lata a pulso de rock para escuchar a alguien que no sabíamos de qué planeta venía, pero grababa sus palabras en piedra. Los miércoles concentraban a fanáticos de Rammstein como de Ella Fitzgerald, tanto a políticos como directores de cine, a bandas noveles y otras legendarias. Nos hipnotizaban ante esas gafas tan peculiares y sus preguntas metralleta porque él, más que nadie, quería saber sobre sus invitados. 

Yo estuve allí. Os aseguro que nunca me preguntó la razón de mi nombre, «No Cantes Victoria», ni tampoco le importaba si llevaba maquillaje en mi bolso o cuál era mi artista favorito. Él se interesaba por quién era Victoria y por qué tenía un banda. Hablábamos de la música funk, del respeto a las bandas locales y sobre mi pasado, presente y futuro. Podría pasarme horas en esa entrevista con un tal Paco Jiménez  que sabía muy bien de lo que hablaba (y traía cómics, libros, cintas VHS y merchan, desde lo bello hasta lo dantesco).

Le fascinaba lo oculto en la ciudad. Iba a todos los conciertos, daban igual los kilómetros, compraba entradas de los grupos y las regalaba, así como libros y vinilos. Yo le apreciaría igual a día de hoy sin nada de esto, porque nunca faltó su generosidad en la primera fila de mis conciertos y en los de mis compañeros (incluso abrió los realmente imponentes).

Pasaron los programas y hubo que dar un paso más ambicioso. Un festival.  Así nació el mastodonte musical salmantino, conocido como Tres Acordes Fest. Un porrón de bandas locales, dos escenarios y  un público insaciable. No habíamos sido testigos de algo así nunca antes en la ciudad. Hoy en día, el festival es una fecha señalada en el calendario como evento obligatorio si eres músico o amante de la música (seas Charro o de la otra punta del mundo). Ha cambiado de logo, ha crecido a nivel de equipo y ha traído gente de fuera, pero sigue siendo el Tres Acordes Fest (y así será el día 22 de este mes).

Ahora bien, ¿cómo se construye todo esto? Puedo decir que soy profeta del esfuerzo que ha tenido en vilo a Paco Jiménez estos años. Renunció a otras cosas como todos los mortales  a favor de cada gota de sudor y empeño. Y es que Paco nunca dejará de ser un misterio para nosotros. Despierta entre los curiosos el morbo pegajoso y rancio por saber cómo se mantiene personal y económicamente algo tan grande y tan digno como un festival de música. No se equivoquen, es todo producto del esfuerzo de la locura. A unos les dio por inventar la bombilla y a otros por hacer música. Ambos dan luz. Ojalá se alinearan los astros para poder ir a más, porque puede. Y es de extrema urgencia revitalizar una escena que no respira si no es con las bandas locales,  que no somos descendientes de Van Halen ni tenemos la exigencia faraónica de que nos quiten los M&M’s marrones en nuestro rider.

Hoy en día sigo sin saber quién es Paco Jiménez ni de dónde viene, tampoco me importa. Me quedo con todo lo que ha hecho por mí y por todos mis compañeros. Porque toda acción, cada obra, cada canción, determinan nuestro futuro. Porque no hay nada más importante que el Arte.

Has marcado la diferencia, Jefe.

Fotografía: Hori Benito.

«La música hace muchas cosas por mucha gente. Te transporta, sin duda. Puede llevarte atrás, años atrás, al momento exacto en el que ciertas cosas pasaron en tu vida. Yo canto a los realistas, las personas que aceptan las como son, porque soy ‘la señora de al lado’ cuando no estoy en el escenario» Aretha Franklin

 

 

Victoria Mesonero
Llevo una doble identidad: wonder profe y traductora de día, músico y chica Bond por la noche. Invocadora de tormentas y señora de Robert Downey Jr. Adicta al menta-choc, tanto que quisieron llevarme a rehab y yo dije: no, no, no.

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