Desde atrás, mirando a través del océano de pantallas que todo bolo arrastra hoy en día, la nostalgia por esa estación parece golpear. Y es por ello por lo que se antoja que “Tarde de verano; para mí estas han sido siempre las dos palabras más hermosas en mi lengua”, la frase de Henry James, podría resumir a la perfección lo que dio de sí la primera parada en la ciudad de Pau Isern Panadés, a.k.a. Serko.
La excusa era la gira que le está llevando a presentar su último lanzamiento discográfico —el tercero ya—, y que no deja de sorprender por su capacidad de convocatoria allá donde va. Solo había que ver los aledaños del Potemkim media hora antes del lío: la cola que circundaba la calle llegaba hasta perderse de vista, con un sold out cuando menos impresionante. Y no hará falta enumerar la lucha titánica que había esa noche: Fito y sus Fitipaldis estaban en el otro lado de la ciudad con miles de tickets despachados, lo que hace el mérito aún más notable, incluso admitiendo el sobado argumento de la no coincidencia de públicos.
Son esos 125 km que dan nombre al disco y a la gira la distancia que separa su pueblo, Ventolà (Girona), de Barcelona; ese lugar al que vuelve cuando necesita desconectar o descansar. También son el hilo conductor de un puñado de canciones en las que, a poco que uno mire, la equidistancia con Estopa y Los Delinqüentes se hace casi invisible. No es casualidad que esos dos nombres salgan a colación, y tampoco que los presente con una correcta banda respaldándole.
Como en casi todos los casos, fueron los tiempos de freestyle con sus amigos en el barrio los que encendieron la llama, aunque ahora ya parecen lejanos desde que arranca con “Las Flores” y “No pido más”, ahondando sobre todo en ese sonido que revisita la rumba catalana que practican los de Cornellà de Llobregat.
El pacífico e inocuo pop urbano que lucen los temas —qué bonito, por cierto, fue verle hacer “La luz de la ciudad” junto a Hugo Campoy y su deliciosa guitarra presidiéndola— los hace ideales para las noches de cualquier día de agosto. Y qué decir de cantar con tus colegas el sentido “Todo irá bien”. Todo eso lo traslada al escenario en un pase refrescante y ciertamente generoso que abarcó 24 paradas, recorriendo casi todo lo que ha lanzado hasta la fecha: “Volver a ti” con Jeney sonando arriba, “Recuérdame”, “Mareas” o, por primera vez según comentó, una sorprendente revisión de “Los tontos” de C. Tangana.
Se mojó en el barro sin pensar —es una tradición, dijo— cuando en la parte final, que había empezado con las pizpiretas transiciones de “Aunque tú no estés” y “Tu nombre”, llegaron después “Desvelao”, “Te cantaré” y esa oda a la infancia y a las amistades que es “Amigo mío”, rodeado de un público que no paró de cantar ni un solo tema. El final lógico con “Si supieran” —la canción del anuncio, dice alguien a mi lado— echaba el cierre a la noche.Ni idea de si en el futuro podremos decir que le vimos en una sala, me refiero a si llegara a los estadios o algo asi (a finales del año tiene citas en Vista Alegre y el Sant Jordi nada menos) con la velocidad actual de los artistas en subir y bajar, pero será interesante mirar hacia donde va.






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