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Supawayah, Farinato Sound Festival | Ciudad Rodrigo

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Tal vez pudiera ocurrir que alguien del público que se acercara por primera vez al universo de los de Fuerteventura —la primera banda canaria en tocar en el Farinato, David Rica dixit— y echara un vistazo al outfit golfista, se viera en la tentación de no tomárselos demasiado en serio.

Sería una injusticia.

Encajados en un slot lujosísimo, en medio del cartel y ya con un pico de personal considerable abajo, tenía el que suscribe mucha curiosidad por verles jugarse la mano: Funk Rock sobre todo, pero también Reggae y fusión en cantidades industriales, encima del escenario.

Siempre se maravilla un servidor del mérito enorme que acaparan los equipos de personas —quizá por la cátedra que podría hacer de eso— que montan eventos tan especiales como los festivales de música que salpican el verano de casi cualquier provincia. No los mueve la codicia, la parte económica queda fuera de la ecuación, ni tampoco el afán de protagonismo.

Simplemente lo hacen por pasión y amor a la idealización de la música en directo. Y eso es mucho decir cuando tienes que encarar un trabajo que muchas veces, demasiadas, resulta ciertamente ingrato de pelear. De ahí que no haga falta explayarse aquí sobre la necesidad —lo he escrito hasta la saciedad— de que quienes manejan el timón de las instituciones los apoyen sin paños calientes. Tampoco es necesario recordar el valor dinamizador de un evento así. Cualquiera puede verlo. El avance implacable hacia el decimoquinto aniversario del histórico festival, el próximo año, bien merecería un esfuerzo aún mayor que llegue para quedarse.

Me acordé de aquella canción de Funkadelic, “Who Says a Funk Band Can’t Play Rock?”, cuando los majoreros salieron a ritmo de la jam que abre la traslación del reciente “FunkyDuro” —es en ese clip donde aparece la situación divertidísima con los atuendos del minigolf—, con Dani Cabello y su bajo omnipresente, lógico en el estilo, Rica a la batería y la voz, pero con Tadeus Cova merendándose el bolo con la guitarra durante toda la noche, me hizo acordarme de Frusciante en muchos pasajes, de forma apabullante.

Fue un pase rapidísimo, como lo fueron todos los de la noche en realidad, que dejó momentos de gran brillantez. La traslación de “Regga” fue monumental, alargándola  y transformándola en la parte final en una escarpada y sinuosa canción llena de espacio para q los tres tuvieran lucimiento, o la recuperacion  de su primer single “Tina” que no ha envejecido ni un ápice, funcionando perfecta en el setlist.

Ese hitazo que debería ser “Pantani”, empalmado con el no menos contundente “Brad Pitt es un Robot”, tenía lo obvio sobrevolando desde cualquier parte —los Peppers de los primeros discos hasta “The Uplift Mofo Party Plan” entre otras cosas—, pero también a Tom Morello y sus colegas de Reverendo Brown, sobre todo por parte de Cova. Solo había que ver cómo trasladaron “Meloso”. El único problema, lo poco que parecía estar llegando abajo todo ese esfuerzo excepto en la parte final, no es nada que no arregle la carretera.

A todo esto entenderán las ganas de verles en una sala con el público, el suyo, encima, a distancia corta.

Paco Jiménez
El Rock n Roll es más grande que la vida

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