Crónicascultura

Tregua | Sala B C.A.E.M, Salamanca.

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Hace algunos meses, en una entrevista de Carlos Crespo a la banda en La Voz de Galicia, dejaban caer en una respuesta uno de los males que —incomprensiblemente, además— parece aquejar hoy al universo de la escena emergente del rock. Decían los coruñeses: «…hoy parece que solo lo mediático existe. Y ahí sí que el rock tiene perdida la batalla». Se podrían escribir océanos de tinta sobre ese argumento, pero negarlo sería absurdo. Si lo comparamos con lo que sucede en la música urbana o en el indie, por citar algunos ejemplos, los resultados serían descorazonadores, al menos a entender de quien suscribe.

Y es una pena. Porque hay un buen puñado de artistas pidiendo paso para ocupar un más que necesario relevo generacional en un momento de la historia en el que el sobado argumento de que el rock ha muerto nunca ha sido  (por calidad, por cantidad, por talento…) una falacia mayor. Más allá de los grandes nombres que cualquiera puede citar sin dudar, la base sigue viva. De ahí la importancia capital de seguir y apoyar estos proyectos.

Miro a Adrián Torreira e Iván Aguado al inicio del pase, trasteando con las guitarras que abren “Promesas olvidadas” —tema inaugural de Lo Urgente es Vivir (2021)— y me reafirmo.

Ni que decir tiene que no inventan la cuadratura del círculo. Pero es que tampoco creo que se trate de eso.

Los santos que convocan desde que pisan el escenario —La Fuga o Robe son referencias evidentes; también Fito, con y sin Platero, o Marea en determinados pasajes— son lo de menos cuando uno se sumerge en un setlist que, afortunadamente por dios, fue directo al grano sin parones ni tonterias. Como debe ser cuando te estás jugando la mano en una fiesta que, evidentemente, no es la tuya.

Navegaron sin mácula por piezas como “Como un gato en un tejado”, la estupenda “La Última Página” —ese must a mi entender de su discografía— o “Kilómetro a Kilómetro”, con el aplomo de quien quiere pelearpara llegar. Sobresaliente Miguel Vieites a la batería, tremendo toda la noche, sosteniendo junto a David Ruiz al bajo una base sólida y contundente. Comandadndo todo la voz de Mario García, que con su guitarra aporta un empuje decisivo cuando las tres juntas encajan.

Para el último acto se reservaron “Adicto”, la imprescindible “Descalzo por tus besos” —qué canción más radiable, amigos—, la colabo que hicieron con K. Romero en “Como uña y carne” y esa invitación a gritar a pulmón que es “Lo Urgente es Vivir” dejando la sensación de que si. Misión cumplida.Ya queda lejos lo de banda emergente, calzan más de quince años en el negocio y cuatro álbumes con el nuevo asomando ya, pero ojalá no cejen. Sería una pena a tenor de lo visto.

Paco Jiménez
El Rock n Roll es más grande que la vida

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