Trabajar a cara de perro como si cada año fuera, en realidad puede serlo, el ultimo. Esta es la única formula que el que suscribe conoce para sacar adelante algo así, mas allá de la pasión y el amor, para llevar a buen puerto el sueño de tener y montar un festival de música pequeño e independiente. Y aunque es cierto que un servidor podría aceptar una cátedra de esa pelea agria y llena de reveses que significa hacerlo, ay, no lo es menos que cuando todo arranca, se olvida. Y de ahí que, no hablo solo de lo que nos ocupa, convendría que quien sea que lleve las riendas en los sitios que los acogen, se tomara en serio su apoyo sin fisuras ni regateos, ya que además pueden servir para dinamizarlos aunándolos con cultura.
Me acuerdo de todo eso cuando me enchufo por primera vez en su trece ediciones a la disciplina del festival mirobrigense, y me empapo del trabajo del equipo que lo hace posible. Tiene, y vuelvo a lo de antes, un merito enorme que sean capaces de llevarlo a cabo cuando la parte económica sale de la ecuación al ser gratuito, robando para hacerlo tiempo vital con familias, parejas etc. y, estoy seguro, asaltando su hacienda propia por puro amor a ese sueño que les decía antes. La continuación del periplo del festival ojalá que no sea tema de debate y pueda continuar, por que lo merece por el apoyo a la música en directo mas allá de los circuitos tradicionales.
Cuando se anunció el line up que acartelaba, ya se preveía que la noche iba a ser de aúpa, y se cumplió al dedillo. El paso de Gomad! & Monster al rebufo de su Rave&Roll para cerrarlo, la que liaron fue gordísima poniendo a todo el mundo a 200, y las inclusiones de los tremebundos The Mothercrow –con la estupenda voz de Karen Asensio, y la guitarra medida de Max Eriksson presidiendo unas canciones en las que sobre todo al que firma le llevaron a Johanna Sadonis y sus Lucifer– junto con la meritoria apertura de los locales Sr. Hyde (nadie puede dudar de que queda mucho trabajo por hacer, pero merecerá la pena no perderles de vista) eran un must para entenderlo, pero si había algo que planeaba por encima para el que firma, era la posibilidad de encontrarme de nuevo a Zalomon Grass.
Recuerdo ver por primera vez Mauro Comesaña con The Soul Jacket en un ARF de hace eones, y ya entonces era un batería impresionante. El junte en este proyecto con David Rodd –como golpeaba el pecho su bajo tremendo- y con Gabriel McKenzie y su voz privilegiada, es cierto, pero sin olvidar sobre todo lo buen guitarrista que es, ha resultado sencillamente en una de las bandas de Rock mas importantes y espectaculares de los últimos tiempos. Y no hará falta extenderse aquí de lo necesario que es eso. Un servidor se pule docenas de bolos de la escena Urbana y la media de edad que flota en ellos, nada que objetar faltaría mas, es una quimera inalcanzable ahora –mas allá de los nombres grandes y los festivales masivos- para los estilos mas tradicionales, que ven como han dejado de ser los hermanos mayores, para pasar a ser uno mas.
Por descontado que si alguien suelta la tontería de que tal o cual de esas escenas (el Punk, el Rock o lo que sea) ha muerto, denota la estupidez supina de quien lo hace en opinión del que suscribe, pues nunca han estado mas vivos y mas llenos de gente con talento a raudales. Y a eso voy.
La cosa es que un momento dado del pase de los de Vigo hicieron un medley con el “Oh Well” de Fleetwood Mac, “Dazed and Confused” de Led Zeppelin y el “21 st Centuy Schizoid Man” de King Crimson en el que intercalaron un tema suyo (“All Hand on Deck” de “Space Opera”) y lo que paso sencillamente fue que no desencajaba allí. No chirriaba, ni estaba fuera de sitio. Parecía una prolongación natural entre esos colosos y eso es mucho decir con esos nombres de por medio, y sirve además para dar pistas a quien sea que se enroque por primera vez en la música del grupo. La maquinaria perfecta del power trio –que pocas veces es mas apropiado el palabro que aquí- llena de Rock crudo de alto octanaje, Blues oscuro y Psicodelia funciona a la perfección desde que abren con un inmenso “Badstock” y nos atrapa la sensación de estar viendo a un grupo que debería estar en las grandes arenas desde hace tiempo.
Solo por ver el traspaso al escenario de “The Drill” ya habría merecido la pena. La voz en perfecto estado de McKenzie y el avance de paquidermo de la canción apabullándonos con la guitarra que trasportaba y esa base rítmica que sumaba cambios, pero es que además la empalman con el Progresivo a ratos que luce “Twelve Labors” y las jam esplendorosa que marcan al hacer “Bad Combination” en un setlist que no presidió solo el ultimo “Trouble in Time”, sino que basculó en casi todo lo que han lanzado, hicieron seguidas “Heard It on the News” y “Harder to Rise” de “Space…”. De los nombres obvios que sobrevuelan oyéndoles a un servidor le viene Blue Cheer pero ni mucho menos es solo eso.
La parte final con el sexy hacer de “Groove to Prove” y el cierre con la homónima del disco con ese inicio tanteando que luego explota áspera y dura fue tan lisérgico y espacial como imperdible, en una noche llenísima hasta los topes de brillantez. Aquello que decía Jaime Gonzalo en el primer volumen de “Poder Freak” su mastodóntica guía de la contracultura, de que si sobrevive en la memoria histórica lo hace básicamente a través de las imágenes que grabó en la retina popular.
Eso es lo que nos dieron. Pero es lo que hacen los grandes.






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