Siempre se ha estudiado que una cosa era el tiempo y otra el clima. Cuando se hablaba del clima parecía todo un mundo, pues había que mirar a  largo plazo, quizás por ello haya gente que se pone una venda en los ojos y no quiere ver que está cambiando.

Pero a poco que uno salga de las burbujas de comodidad que nos hemos creado, pronto uno se da cuenta de que hay bastantes cosas que no encajan en su sitio en la atmósfera. Sin ir más lejos en la semana pasada hemos tenido cambios bruscos oscilando demasiado, hielos fuertes con carámbano en los charcos, temperaturas frías, viento fuerte, lluvias, para terminar con temperaturas impropias de diciembre, que están consiguiendo que florezcan rosales, jaramagos, escobas, brezos…

Por otra parte, ha terminado noviembre, el mes que siempre se encargaba de rellenar regatos, manantiales, fuentes…y un año más, ha traído muchos días grises de nubes amenazantes de lluvia, que se han quedado en simple amenaza, pues la mayoría de ellos descargaban lluvia fina, simples riegos para la hierba, parece como si el norte se hubiese desplazado al sur.

Pasaron dos días y las heladas desaparecieron, volvieron las  temperaturas suaves, nada que ver con los antiguos diciembres de fríos intensos y duraderos o lluvias persistentes. Época para hacer la matanza que necesita de frío seco, que hoy se lo dan las máquinas, para contaminar más y más. Heladas y nieblas duraderas, con “chupiteles” colgando de árboles y barrancos, de huertas heladas, donde era difícil arrancar la cosecha. Mucho ha cambiado el clima últimamente.

Entonces más o menos todas las estaciones tenían un comportamiento adecuado a sus características, aunque también había sequías, inundaciones, pero no eran tan grandes, ni tan frecuentes. Hoy el péndulo del reloj climático parece estar desequilibrado, lanzando fenómenos meteorológicos muy difíciles de predecir. Si no que se lo digan a los meteorólogos, que a pesar de tener muchos medios, a veces, hacen que nos acordemos de Mariano Medina y compañía, que con “el barco K” acertaban casi tan bien como ahora.

Y mientras tanto, ¿qué hacemos cada uno de nosotros? Las administraciones lanzan campañas para que nuestro comportamiento ambiental mejore. Pero los resultados prácticos son demoledores, un 80% de la población en España no recicla, a pesar de eslóganes tan provocadores como el de las vallas en Salamanca: “piensa con los pulmones, recicla”, los pulmones son dos latas estrujadas, ya utilizadas. Y todo esto teniendo en cuenta que según la última encuesta, la población española está muy sensibilizada medioambientalmente. Se ve que una cosa es la teoría y otra bien distinta es la práctica

Pero ante este panorama ambiental, ha surgido una luz en medio del túnel, una llama que encendió Greta Thunberg, liderando a millones de jóvenes para movilizarse para salvar el planeta, son ellos los que más pueden hacer para frenar el deterioro ambiental, aunque ello no nos exime a nadie de hacerlo, pues la Tierra es nuestra casa común, aunque más de uno piensan que es propiedad de unos cuantos.

Aún estamos a tiempo de frenar este gran desaguisado, pero como ha dicho Greta, después de muchos viernes por el futuro, con millones de jóvenes en las calles en vez de estar en clase, muy poco se ha conseguido. Tal vez los miles de asistentes a la Cumbre del Clima sean capaces de llegar a acuerdos y lo más importante que obliguen a los estados a cumplirlos. Hay que ser optimistas, aunque después de ver estos días cómo la mayor empresa contaminante, Aramco, se convierte en la más valiosa en bolsa, el optimismo se convierte en una cima difícil de escalar. O viendo el río Águeda reducido a la mínima expresión, soltando por la pesquera lágrimas de dolor, en vez de cascadas cantarinas de agua que es lo que le tocaba en el mes que estamos.

Estamos ante una emergencia, aunque algunos no la quieran ver, ante ella la escuela debe tomar iniciativas para que desde ella empape a la mayor parte de la sociedad con compromisos respetuosos con el medio ambiente, en eso los niños son excelentes mensajeros. Para ello la administración educativa debe poner también su grano de arena flexibilizando currículums, apostando por la educación en valores que fue relegada años atrás a un segundo plano. Por último, para frenar esta espiral, hace falta cambiar globalmente un modelo económico donde el transporte es el rey, quemando todos los días millones de litros de combustible, a veces sin necesidad, con una política que tuviera en cuenta la proximidad.

Merece la pena un esfuerzo conjunto.TODOS SALDREMOS GANANDO.

Antonio Castaño
Me encanta recorrer caminos con mi mochila a cuestas, me ilusiono con las cosas pequeñas, especialmente con la naturaleza, sin ella el caminar sería complicado. Me gusta compartir relatos, fotos, proyectos, reflexiones...

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