Hace unas semanas David Gallardo firmaba en El País un articulo, “Veinte grupos que deberían pensar en retirarse lo antes posible” (El Pais, Icon, 6 de febrero) que cuando menos daba que pensar. En el explicaba y daba razones por las que, según su criterio, esos artistas deberían haberlo dejado ya y haberse marchado para su casa. Lo que subyacía del texto, esto es el inexorable y brutal paso del tiempo y la triste realidad de que nos afecta a todos incluyendo a nuestros héroes de la música solo faltaba, no es óbice para formular una pregunta que surge casi sin querer a continuación; me refiero claro a ¿quién vigila a los vigilantes?. Por qué veamos siguiendo su razonamiento a lo mejor Springsteen puede continuar, pero Axl, según este hombre, ya no mola (¿…?).

So caballo, acabáramos.

Mira hombre como tu por donde…¿ y cuáles sí deben seguir y cuáles  no entrenador?, ¿el criterio que vale es el de este tío?, y aún más ¿quién es él, o cualquiera no se vayan a pensar, para decidirlo, acaso alguien le ha nombrado juez supremo del asunto?…

Una realidad que les adelanto ya: Rosalía y C.Tangana por citar a alguien no van a seguir así, jóvenes, con cachés millonarios y con todo a su favor (que se lo han ganado le pese a quien le pese, ojo), siempre. Es mejor que lo sepan por que la muerte (y, glupssss, el I.R.S. ya me entienden) es lo único inexorable de la vida.

Y entre medias el avanzar de los años claro.

“Dignidad Popeye, dignidad” decía el Makinavaja en las inolvidables paginas de Ivá. Así que vamos al turrón, ¿es lícito seguir por los escenarios cuando las condiciones físicas, o las otras, ya no lo aconsejan?, ¿y seguir solo grabando, y no girar?, ¿es mejor hacer un Salinger y encerrarse a esperar el final para ser recordado eternamente joven y talentoso?, y por ultimo y casi más importante ¿quién es, quién  impone, y quién  decide lo que cada uno haga?. En teoría la decisión es absolutamente personal claro. Pero desde luego que en este curro, bueno y en muchos en verdad, mandan otras circunstancias también: dinero, fama, adicciones, ansia de volver a ser el centro de atención etc. etc.

Y además los ejemplos en uno y otro sentido (grandes músicos y bandas que continúan con mejor o peor fortuna) los hay a patadas, y van desde el patetismo terrible a la alegría inmensa de poder asistir a algo así. Pero eso no impide la sensación de que los años pasan, y pesan, en todo el mundo. Un servidor hace unos días estuvo viendo a Júpiter, la banda de los 80´s, en Madrid. No entraré en detalles para eso ya está mi crónica de la noche, pero lo que más as me llamó la atención, salvando la parte artística por supuesto, era la media de edad y el estado físico de los que estábamos allí (arriba y abajo, ojo) y me acordé de un palabro que usaba un tipo que conocí hace años: cotralones.

Cero, equis, dos como decía no se quién en “El Sargento de Hierro”. Ninguna victoria, un empate y una derrota.

La realidad es que siendo justos tal vez el autor de tan controvertidas palabras (¿en serio?, ¿por que?) si que tenga un poco de razón. La decadencia cuando llega es terrible para todos, sean o no rockstars. Así que… ¿debemos ser más magnánimos con los artistas solo por el hecho de serlo?.

Una pregunta tan espinosa como necesaria.

 

 

Paco Jiménez
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