El próximo 27 de los corrientes Love Of Lesbian meterán a 5000 pax en el Palau Sant Jordi sin distancia de seguridad. Habrá toma de temperaturas, test de antígenos y mascarilla obligatoria (FPP2 que pondrá la organización, ojo) para todo el mundo, pero lo importante es que se hará casi a la vieja usanza.

El anuncio cae como maná para comprobar si todas las demás pruebas que se han ido testando (de la que metió más de mil pax que hizo el ensayo clínico Primacov en la Sala Apolo también en Barcelona, a las discutidas, y en mi opinión un poco fuera de lugar, actuaciones de Raphael y El Drogas en Madrid) llegan a buen puerto, y con las medidas sanitarias de obligado cumplimiento se puede programar en grandes audiencias. Y esto en una semana en la que hemos tenido, en mi caso con el asombro del que no cree lo que ve, el anuncio de que dos estados (Texas y Misisipi) en USA reanudan el próximo día 10 todos los espectáculos que incluyen los deportivos, grandes reuniones y si.

Conciertos multitudinarios.

Basándose en el avance de la vacunación (17,3% vacunado con al menos una dosis, 9% vacunado con dos dosis) y la bajada de hospitalizaciones, han decidido abrir las puertas. Mientras tanto aquí ya se han presentado bocetos de la futura cartilla de vacunación que, ya lo verán, me temo va a ser obligatoria para casi cualquier cosa. De coger un avión a ir a festivales. Por cierto, ejem, el Primavera Sound ya ha suspendido.

Y es que, esto es indiscutible, desde que comenzó la pandemia, el sector cultural se ha visto notable y terriblemente afectado en todas sus vertientes: de los museos y teatros a la horrible pinta que tienen las salas de conciertos. De ahí que la pregunta que titula estos textos, ¿y ahora…qué?, sea de obligado planteo. De momento las ayudas, esperadas y necesarias, se resisten o directamente son de risa y el próximo lunes, cuando en nuestra comunidad se alivien las restricciones que han tenido atenazados a varios sectores básicos, veremos a ver que pasa.

No les negaré que el desanimo me invade, y que los pocos rayos de luz (anuncios de conciertos, aperturas de espacios museísticos y de teatro, y venta de entradas) que entran, es lo único que lo salva. Sumen a eso la capa de enfado y desesperanza que lucimos todos tras un montón de meses de no poder hacer casi nada y de, lo mas terrorífico y doloroso, los miles de muertos y las tragedias de sus familias y ya me dirán que ganas hay de bailar. Pero un servidor confía plenamente en que una vez mas la cultura y las artes (con la ayuda indispensable de los protocolos y los profesionales sanitarios) nos salven.

Vean sino un ejemplo.

Ayer me enchufaba a la Sala B, que está en plena cuenta atrás para su reforma, al abrigo del pase de Estrogenuinas por allí. Hacía unos meses de mi última vez con la banda, fue en las Ferias del año pasado, y tenia muchas ganas de reencontrarme con ellas. He escrito hasta la saciedad el cambio notable que experimentaron desde que las hermanas Álvarez (Ángela y Carolina) se marcharon a Madrid. Poco, nada en realidad, queda ya de la banda inexperta y recién llegada de los principios, cuando se sentaban en mis programas conmigo. Ahora son una garantía. Punto.

Las ultimas composiciones, como la que les ha unido a Def Con Dos y aquí me como mis temores con patatas amigos, son algunos de los mejores momentos compositivos de la historia del grupo, y en mi opinión (vean sino su paso por lo de Ariel Rot esta semana) van a impulsarlas con todo merecimiento hacía arriba . Fue un bolo que pasó como una exhalación, con los temas  mas recientes como protagonistas y que sirvió para presentar la nueva formación, pero más que canciones (desde que abrieron con “Orgia en casa de los Buendía” hasta que echaron el cierre con un sorprendente “El Rentista Budista”) permítanme que les hable de la alegría inmensa que fue volver a sentir la emoción del directo en las caras y gestos de los que allí estaban por que, no olviden ese dato, hacía semanas que no se programaba nada así en la ciudad.

El que suscribe ha visto un buen montón de bolos desde el pasado año, pero hablando con personal que experimentaba por primera vez la vuelta a un concierto, la percepción fue la de tener de nuevo la misma ilusión de antes. Intacta. Y eso a pesar de las sillas (como maldecí no poder levantarme a cantar “Miss Ántropa” a pulmón), de las mascarillas y de la distancia.

Pero ese es el poder de esto, y de eso trata.

Y por eso vamos a volver. Ya lo verán.

Paco Jiménez
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