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Dellafuente

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Ni una entrevista, ni una imagen de el interactuando con las canciones, y un secretismo casi místico flotando alrededor de un álbum para el que no hay palabras.

Hace unos días Dellafuente lanzó “Ep.01- Causa” el primer referente de su propia compañía de discos, “Santa Catalina”, y la irrupción del nuevo paso en su historia como artista: el increíble Taifa Yallah.

Venía avisando el de Granada, sin decir nada ojo y vuelvo a lo de antes, de este proyecto con el que según parece su carrera va a discurrir de forma paralela, y en el que ha dado un paso de gigante en una trayectoria que sobrepasó hace tiempo el libro de estilo de la últimas hornadas del Hip-Hop patrio.  Y no les hablaré aquí de los, según la prensa entendida (¿…?), síntomas de agotamiento que manan ya de cierta parte de la escena, sobre todo en el ramal del Trap, por que me parece una discusión estéril.

De ahí que Taifa Yallah, la traducción sería “Vamos barrio”, es desde que El Chino lo puso en circulación (subido a YouTube con una serie de videos con los ya conocidos jinetes con estética islamista) uno de los álbumes del año sin discusión posible, y alberga algunos momentos tan brillantes que dejan sin habla. Enlazando la tradición del Rock Andaluz con mayúsculas (los nombres salen casi solos cuando se escucha: Lagartija Nick con Morente, Triana, Medina Azahara) con la exquisitez de Exquirla (el proyecto de Toundra con El Niño de Elche) ó el hacer de Los Chichos ó Extremoduro junto con las raíces andalusís, y mezclando sin tapujos Metal, Rap, Rock y Flamenco en unos temas en las que no baja el nivel casi en ningún momento en su apenas media hora de duración. Y por si fuera poco el plantel de músicos con los que ha contado cumplen a la perfección, ha preferido construirlo con su mas íntimos colaboradores Antonio Narváez y Moneo y los coros de Beatriz Salinas o el saxo de Pablo Torres, y hacen un resultado espectacular.

No hará falta extenderme aquí de lo difícil de la situación estos días, por lo que les conmino a pinchar “El Bosque” y dejar que esa letra,  (“Donde no llega el sol
Yo tengo aquí un lugar, Donde no llega el dolor, Dónde el dolor se va,
Porque lo malo ya rebosa porque no conoce otra cosa”) les cure parte de la herida.

 

Paco Jiménez
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