«Cada vez que alguien se entera de que soy profesor de inglés, me suele preguntar cuál es la mejor academia para aprender, o qué método es el más rápido. Aunque me gustaría darles una receta mágica, la reacción obtenida trae consigo cierta decepción. El secreto está en buscar el centro de inglés que más se adapte a tus necesidades, y lo más importante: tener una motivación de acero y ser constante. Ante esto, muchos afirman que pensar en español les entorpece su labor de aprendizaje. Pero ¿es cierto eso de que «pensamos» en un idioma u otro?»

La idea parece lógica. Si pienso en mis planes para el fin de semana, lo más probable es que me vengan a la cabeza palabras como: sábado, domingo, o descansar. Igualmente, si pensamos en un animal grande, pesado, con orejas grandes, con una trompa y colmillos de marfil, seguro que nos llega la palabra «elefante». Ahora, si un hablante de inglés hiciese lo mismo, la palabra sería elephant, ¿cierto? Pero si la persona es bilingüe (inglés – español) ¿qué palabra le llegaría primero? ¿Elephant o elefante? El hecho de que soy bilingüe despierta muchas más interrogantes sobre el mismo tema: «¿en qué idioma piensas?», «si estás hablando en español y, sin esperarlo, alguien te hace una pregunta en inglés, ¿necesitas tiempo para reaccionar?»

Frank Carrizo

Para explicar esto de manera sencilla primero debemos derrumbar algunos mitos sobre el aprendizaje de lenguas. Las áreas que se encargan de estudiar esto son, principalmente, la psicolingüística y la psicología cognitiva. Uno de los científicos más destacados ha sido el canadiense Steven Pinker. En su libro, «El instinto del Lenguaje», nos habla sobre lo que él llama «el mentalés», o «lenguaje del cerebro». Según él, todo proceso cognitivo se genera en nuestro cerebro de manera abstracta. Este está representado por imágenes visuales y auditivas que van acompañadas de evocaciones emocionales. Mientras se realiza este proceso, no existe un idioma que los represente. Es solo cuando queremos transmitir tales pensamientos hacia otra persona cuando usamos la lengua que hablamos, como vehículo para hacer llegar el mensaje.

Existen varios fenómenos que parecen corroborar la idea de que el pensamiento existe independientemente del lenguaje. El primero de estos es el que se llama «en la punta de la lengua» o PDL (Tip of the tongue o TOT en inglés) que ocurre cuando tenemos la idea en la cabeza, pero no recordamos las palabras. El segundo fenómeno ocurre cuando no logramos expresar completamente lo que tenemos en la cabeza o cuando se intenta explicar algo y no se encuentran las palabras que mejor lo describan.

Esto tiene implicaciones muy importantes para aprender una segunda lengua, ya que nos colocamos barreras de aprendizaje que nos dificulta el aprendizaje. Es normal que tu cerebro necesite realizar un proceso que puede ser agotador para muchos: primero se debe «traducir» desde el inglés hacia el español, para que luego el español le diga al «mentalés» – ese que nos menciona Pinker – cuál la imagen mental o emoción que debemos asociar con ese nuevo concepto que nos vino del inglés. Pero la práctica hace al maestro, hasta el punto de que cuando leas la palabra dog, el cerebro no la asociará con su traducción, sino con la imagen mental de un precioso labrador. Por eso,  tratamos siempre, entre otras cosas, de concienciar al alumno en la importancia de identificar nombres, verbos, frases y expresiones con imágenes visuales, auditivas o emocionales que pasen por encima de la traducción y que ayuden al alumno a recordar lo que aprende con mayor facilidad.

Lograr esa «respuesta automática» que no requiere una traducción se puede hacer de muchas maneras. Unos prefieren estudiar en una academia de inglés, otros lo complementan con ver series y películas en versión original. Los más osados deciden pasar estadías en países de habla inglesa o se buscan nuevas amistades en su propio país que dominen la lengua de Shakespeare. Es obvio que mientras comencemos en edades más tempranas, mayor tiempo (y menores preocupaciones que te distraigan) tendrás para lograr tu objetivo de comunicarte en inglés. Pero incluso, si ya tienes una edad, lo único que necesitas es exactamente lo dicho al principio del artículo: motivación y constancia. El objetivo final es que te expongas al idioma de manera constante y trates de vivir experiencias a través de él, creando nuevos recuerdos que formen parte de tu vida y que te ayuden a no temerle tanto a la «gramática» que tanto miedo infunde. Después de todo, ni siquiera dominamos la gramática de nuestro idioma materno al cien por ciento.

 

Extracto de entrevista con Frank Carrizo, profesor de Inglés y examinador a nivel oficial.

Maria González
De pequeña leía el periódico junto a mi padre, ahora redacto junto a mis compañeros. Aficionada del motor y la naturaleza.

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