Fotografía de Irene de Anta

Me enchufo tarde a San Román y me maldigo por ello cuando apenas puedo ver unos pocos temas de la primera comparecencia. Es la edición de este año una celebración del monstruo legendario que es este festival (cumple veinticinco ediciones, atención) y un servidor que, ay madre, sabe bien la sangre el sudor y las lágrimas que cuesta hacer algo como esto, no puede por menos de congratularse por ello.

Que yo recuerde, solo el afamado Granito Rock de Los Santos puede presumir de algo así y es emocionante. La organización ha preparado un cartel de campanillas que consigue volver a abarrotar la plaza desde casi los primeros compases de la tarde, y cuando llego están a por ello en el escenario Tine, con su estupenda propuesta que parece mirar con un ojo a Boston y su line-up de súper estrellas del folk punk (de Street Dogs a Dropkick Murphys) desenchufadas. Gautxori rezuman furia y suciedad a partes iguales. Suenan ruidosos y ásperos y me vuelven a convencer tras mi última vez con ellos este verano en Tres Acordes Fest, porque además, la entrada de savia nueva en la banda parece haber insuflado nuevos aires a su propuesta de punk irreverente y divertido es cierto pero con indudable poso a poco que lo piensen.

Zero ofertaron algunos de los mejores momentos del día sin ninguna duda. La banda que planea esta tarde en el escenario no tiene nada que ver con la que hemos visto hasta ahora (se lo digo con conocimiento de causa, créanme). Serios y centrados, con la nueva imagen (afortunadamente se acabaron las camisas y las corbatas) de riguroso luto impactando, se pulen un pase estratosférico. Y no es tanto las versiones 2.0 del cancionero más viejo, que también ojo, sino el material más reciente que, simplemente, echa chispas. Los detalles, Diego Hernández a la voz bajándose a la olla a defender uno de los nuevos (en mi humilde opinión de lo mejor que han compuesto) con el añadido de ver a Javi Revancha de Paté de Pato tocando material tan duro alejadísimo de su banda madre, la comunión absoluta entre ellos (por fin), el hecho inaudito de que propicien los primeros Wall of Death de la tarde o la sorprendente madurez que lucen son imperdibles. Hay banda pienso cuando Bring Me The Horizon planean por encima de su bolo. Gran Trailer lo tenían difícil después de semejante exhibición.

Los de Zamora se emplearon a fondo con su hard-rock de alto octanaje y salieron bien parados. La imagen de Víctor Sadia subiendo con su guitarra y el sombrero de cow-boy me hace pensar en un jovencísimo Billy Duffy y por ahí pueden ir los tiros con esta banda. Emplean su tiempo arriba con sabiduría, sin duda, midiendo bien el material y presentando parte de su último disco “Indigena”. La Batería de Intxixu nos regala una comparecencia de disfrute absoluto, con guiño a Star Wars incluido y no necesitaré explicar aquí qué día era ayer, con su divertida y bailonga propuesta que bebe en el Ska, el Rock y el Folk acelerado es cierto, pero que no se aleja demasiado también, ya lo escribí en su momento, del gypsy punk romaní de unos Gogol Bordello en ácido. Se emplearon a fondo y pusieron al personal a bailar desde que salieron. Ebri Knight ejercieron de cabeza de cartel desde que se subieron al escenario con un Arnau Aymerich en estrella absoluta llevando el peso del show, pero con toda la banda rayando a un nivel muy alto. Dos imágenes, dos flashes en realidad, se me quedan grabados de un pase impresionante: “El Pueblo Unido (Quilapayún)” con toda la plaza gritando, y el mejor momento de la noche de los de Argentona para un servidor ”La Voz Dormida” y su estribillo matador.

Un día inolvidable, otro más, que duda puede caber. A por el próximo ya.

Paco Jiménez
El Rock n Roll es más grande que la vida

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1 Comentario

  1. Muchas gracias por tus palabras Paco, estamos emocionados 😍

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